Extracto del memorándum redactado por el Estado Mayor Central de los EE.UU. el 11 de setiembre de 1941
“Se considera de antemano como adversarios a: Alemania y aquellos países ocupados por los germanos cuyas fuerzas militares cooperen con Alemania; Japón, Manchukuo e Italia, la Francia de Vichy y, tal vez, España y Portugal. Los países que figuran como amigos o posibles aliados son: la Commonwealth británica, las Indias Orientales holandesas. China, Rusia, la Francia libre, los pueblos radicados en territorios de ocupación alemana y opuestos a Alemania, así como las naciones del hemisferio occidental.
Los objetivos nacionales de los Estados Unidos, por lo que se refiere a su relación con la política militar, se concretan, en términos generales, a lo siguiente: salvaguardar la integridad territorial, económica e ideológica de los Estados Unidos y del resto del hemisferio occidental; impedir la desmembración del Imperio británico; atajar el creciente expansionismo japonés; restablecer el equilibrio político en Europa y Asia al objeto de afianzar la estabilidad política en esas partes del mundo y la seguridad futura de los Estados Unidos; apoyar en lo posible la constitución de regímenes que defiendan el librecambismo y la libertad del individuo.
Puesto que los intereses territoriales estadounidenses residen de forma predominante en el hemisferio occidental, los Estados Unidos deben disponer ante todo de fuerzas combatientes adecuadamente distribuidas, que, colaborando con las fuerzas armadas de otras potencias americanas, estén en condiciones de rechazar, bajo cualesquiera circunstancias, la intrusión política o militar de potencias europeas o asiáticas en el hemisferio occidental, incluso en el caso de que se produzca el derrumbamiento de la Commonwealth británica.
La plena realización de esa política nacional sólo es factible mediante una victoria militar fuera de nuestro Continente, cuyos artífices pueden ser las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, las de las potencias amigas ya citadas o ambas a la par.
Si Alemania consiguiera someter a toda Europa, podría acontecer que abrigara esperanzas sobre una paz de varios años con los Estados Unidos a fin de poner orden en los territorios ocupados, reorganizar su economía e incrementar su potencial bélico para conquistar en última instancia Sudamérica y ocasionar así la derrota militar de los Estados Unidos.
Suponiendo que Japón venciera a China y a Rusia e impusiera al propio tiempo su autoridad en Siam, Malasia y las Indias Orientales holandesas, probablemente pretendería también llegar a un acuerdo de paz para poder organizar su «comunidad de intereses en Asia oriental»
(East Asia Co-Prosperíty Sphere). Si las cosas sucedieran así, sería prácticamente imposible evitar que Filipinas cayese bajo la hegemonía nipona.

De resultar ciertas las apreciaciones expuestas en los párrafos anteriores, es evidente, a nuestro juicio, que el país alemán y sus satélites europeos no podrán ser vencidos por las potencias europeas que hoy día luchan contra ellos. Por tanto, si se quiere vencer a nuestros enemigos europeos los Estados Unidos habrán de intervenir irremediablemente en la guerra y emplear una parte de sus Fuerzas Armadas para pasar al ataque en el Atlántico oriental, asi como en Europa o África.
Teniendo presente las consideraciones antedichas, esta Comisión recomienda la adopción de medidas adecuadas respecto a la producción global y al acondicionamiento de material con objeto de pertrechar a los Estados Unidos de forma tal que puedan llevar a cabo la guerra simultáneamente contra Alemania y el Japón. Esa acción sólo es posible bajo las siguientes combinaciones :
a) Como aliado beligerante de la Commonwealth británica, las Indias Orientales holandesas, Rusia y China.
b) Como aliado beligerante de Canadá y algunos países iberoamericanos, caso de que las otras potencias beligerantes sean vencidas por Alemania y el Japón.
Particularmente Alemania parece, por de pronto, poner la mira en ciertos planes estratégicos cuya naturaleza y presunta ejecución pueden ser descritas como sigue:
a) Conquista de la Rusia europea, aniquilamiento del Ejercito ruso y derrocamiento del régimen soviético. Es indudable que esta empresa, asignada al Ejército alemán y a su Aviación, absorberá durante los próximos meses la mayor parte de las fuerzas puestas a disposición de esos organismos militares. El éxito final de la empresa parece por ahora bastante problemático.
b) Quebrantamiento de la resistencia en Gran Bretaña mediante el hundimiento acelerado de tonelaje y el bombadeo ininterrumpido de los centros industriales británicos. A este respecto se maniobrará sobre las rutas marítimas del Noroeste hasta el centro del Atlántico con buques de guerra, submarinos y aviones, cuyas bases de operaciones se distribuirán entre Noruega, Francia, Portugal y el África Occidental francesa; por otra parte, se emplearán mercantes armados en todos los mares. Si estos proyectos se frustrasen, es posible que se intentara la invasión de Inglaterra.
c) Conquista de Egipto, Siria, Irak e Irán. Tal vez sea ésta la zona geográfica donde se desencadene la próxima ofensiva alemana de gran alcance. Para ello se requieren poderosos efectivos militares de tierra y aire, tanto alemanes como italianos, apoyados por las Fuerzas Navales italianas en los mares Mediterráneo (oriental) y Negro. Puede ser que el éxito de esta operación dependa de la acción de las fuerzas británicas y rusas, pues todavía se ignora si éstas son capaces o no de concentrar medios suficientes para organizar la defensa en gran escala; y depende, asimismo, del desarrollo alcanzado por el potencial militar italiano que, hasta ahora,es un factor desconocido.
d) Ocupación de España, Portugal, Marruecos, África Occidental francesa, Senegal e islas atlánticas, con la finalidad de reforzar la ofensiva germana contra la navegación británica y detentar esas posiciones frente a los adversarios de Alemania...
El objetivo japonés de guerra consiste en la creación de una «comunidad de intereses en Asia oriental». El Japón alienta la ambición de englobar también definitivamente en esa comunidad a Siberia oriental, Indochina, Thailandia, Malasia, las Indias Orientales holandesas, las Filipinas y tal vez Birmania. El alcance de esa meta entraña tremendos esfuerzos para la capacidad del Japón, cosa que no pasa inadvertida a los nipones...
Esta Comisión tiene el convencimiento de que los Estados Unidos y sus aliados deben designar como objetivo fundamental la derrota militar absoluta de Alemania. Si Alemania resulta vencida, su programa de predominio europeo se vendrá abajo y, probablemente, el Japón se verá obligado a ceder una gran parte de las ganancias territoriales, a no ser que, entretanto, su posición se fortalezca de tal forma que los Estados Unidos y sus aliados pierdan toda posibilidad de proseguir la guerra contra dicho país.
Sería absurdo esperar que los Estados Unidos y sus aliados lleguen a desencadenar en el próximo futuro una ofensiva por tierra, coordinada y eficaz, contra el núcleo del poder alemán. Sin embargo, puesto que es de suma evidencia que las potencias aliadas no pueden vencer a Alemania mediante medidas defensivas, la estrategia debe recurrir a otros métodos de ataque para remplazar esa ofensiva prematura en tierra europea. Tales métodos podrían basarse en lo siguiente: prosecución del bloqueo económico y preparativos para la ofensiva por tierra en remotas comarcas donde las tropas alemanas sólo puedan hacer entrar en juego una parte mínima de sus efectivos; ataques aéreos o incursiones navales contra los centros militares, económicos e industriales de Alemania, y apoyo directo a los movimientos clandestinos en países ocupados.
Los objetivos generales de guerra que deben proponerse los Estados Unidos y las potencias aliadas quedan expuestos a continuación, junto a las prevenciones necesarias. Se ha de armonizar la ayuda material prestada a las potencias amigas (según los límites señalados en los siguientes párrafos) con las necesidades de los Estados Unidos.
a) El afianzamiento del hemisferio occidental contra todo despliegue político o militar de potencias europeas o asiáticas reviste una importancia decisiva para la estrategia estadounidense. Mientras se procede a ese afianzamiento los Estados Unidos deben mantener suficientes fuerzas de tierra, mar y aire en aquellas posiciones que permitan recurrir a ellas sin dilación tanto en el Atlántico como el océano Pacífico, si se hubiera de contener una invasión a causa del derrumbamiento de Inglaterra o Rusia. Caso que se produjera tal derrumbamiento, surgiría un problema fundamental cuya solución dependería de que el Noroeste africano y las islas atlánticas se hallasen en manos alemanas o amigas. De forma similar, Alaska, Hawai y las islas del Pacífico meridional constituyen factores básicos para la seguridad del Pacífico oriental.
Como arma defensiva, las Fuerzas Navales de los Estados Unidos serán tal vez suficientes hasta 1944.
b) La seguridad del Reino Unido es condición primordial para el planteamiento de operaciones militares contra Alemania y el Japón en el hemisferio oriental. Pero la seguridad de Inglaterra tiene aún más importancia con respecto a la defensa del hemisferio occidental. La invulnerabilidad del Reino Unido depende de un sistema defensiva eficaz por tierra, mar y aire, el cual está sujeto, a su vez, a la seguridad en las rutas marítimas. De ahí que la ayuda al Reino Unido sólo llegará a ser una constante cuando mengüe de forma sustancial la amenaza latente a lo largo de las rutas marítimas mediante el fortalecimiento de las fuerzas defensivas aeronavales con bases en las islas británicas, Islandia y las posiciones del Atlántico central y oriental. Si no se logra una disminucion importante de las pérdidas sufridas hasta ahora por la Marina mercante británica, ni se desintegra la estructura interna de Alemania, será imposible, a juicio de esta Comisión, mantener por tiempo indefinido la resistencia en Inglaterra, aun cuando los Estados Unidos impongan un esfuerzo supremo a sus industrias. Por consiguiente, para que el Reino Unido persevere en su intento de llevar adelante la guerra es necesario reforzar rápida y eficazmente las Fuerzas Armadas británicas del Atlántico con efectivos de la Marina y la Aviación estadounidenses, y acrecentar en considerable proporción el tonelaje comercial británico con unidades de nuestra Flota mercante. Las tripulaciones de esas unidades deben ser americanas, puesto que las reservas británicas para su empleo en Europa están ya prácticamente agotadas. Si los Estados Unidos desean contribuir al sostenimiento del actual potencial británico, deberán seguir apoyando el bloqueo inglés con ayuda de la construcción naval y el trabajo de los astilleros de reparación. Y, además, habrán de suministrar aviones en cantidades masivas.
c) La seguridad de las comunicaciones marítimas mundiales entre las potencias aliadas es esencial para la prosecución de la guerra. Las fuerzas navales y aéreas estacionadas en Europa y su periferia han de poseer suficiente potencia, dentro de los límites posibles, a fin de interceptar el paso hacia alta mar a los buques patrulleros y proceder a la destrucción de submarinos y aviones de caza. Se hace, además, indispensable un vasto despliegue de fuerzas aeronavales para prestar inmediato apoyo a los puntos estratégicos y rutas del tránsito marítimo.
d) El mantenimiento de un frente activo en Rusia ofrece inmejorables condiciones para el desarrollo efectivo de una ofensiva por tierra contra Alemania, pues Rusia es el único país que dispone de abundantes reservas humanas y también el más próximo al núcleo del poder militar alemán. El adiestramiento de tropas de tierra y aire es lo que más importa a Rusia. Sería prematuro hacer pronósticos sobre el desenlace de semejante lucha en territorio ruso. Entretanto, cabe afirmar que si los ejércitos soviéticos se vieran obligados a replegarse tras los Urales, pero consiguieran organizar allí la resistencia, quedaría la esperanza de infligir una derrota total y definitiva a Alemania en el combate terrestre. El pertrechamiento activo de los ejércitos rusos, tanto por lo que se refiere al suministro desde el exterior como a través de las industrias localizadas en la cuenca del Volga y al este de los Urales, figura entre los principales empeños de las potencias aliadas.
e) El desbaratamiento de toda intrusión del Eje en el Noroeste africano y las islas atlánticas tiene suma importancia, no sólo por la contribución de estos puntos a la defensa del hemisferio occidental, sino también como medida de seguridad a lo largo de las rutas marítimas británicas y como medio de lograr bases aceptables para una futura ofensiva por tierra. Las tropas galas acantonadas en el África Occidental francesa y la Septentrional podrían contar algún día entre los adversarios de Alemania si se las equipase de nuevo y si los Estados Unidos estableciesen satisfactoriamente contactos políticos con esos territorios. Puesto que la Commonwealth británica dispone allí de pocos efectivos, y las relaciones entre los ingleses y el régimen Weygand son bastante tirantes, se comprende que los Estados Unidos deberán aportar la mayor parte de las tropas estacionadas en esa región al servicio de las potencias aliadas.
f) El mantenimiento de la inviolabilidad territorial de Filipinas, Malasia, Indias Orientales holandesas, Australia, Birmania y China por parte de los Estados Unidos y sus aliados tendría amplias repercusiones. Las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en el Extremo Oriente no pueden recibir refuerzos sustanciales si han de desempeñar su difícil cometido en otras regiones, pero las operaciones de la Flota del Pacífico determinarán de modo significativo los acontecimientos. A los Estados Unidos les cabe el deber de suministrar una parte del armamento y los aviones destinados a China y las Indias Orientales holandesas. Se debe transportar una gran porción de ese material en barcos americanos.

«NO HAY MÁS RECURSO»
Palabras del ministro presidente Tojo ante el Consejo de ministros del Imperio japonés, el 1 de diciembre de 1941:
«Con la venia de Su Majestad dirigiré hoy la sesión. De resultas de las resoluciones adoptadas por el Consejo imperial de ministros el 5 de noviembre, nuestro Ejército y nuestra Marina tienen ya ultimados los preparativos para sus operaciones, mientras el Gobierno pone todo su empeño en mejorar las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. Sin embargo, los Estados Unidos se resisten a desviarse lo más mínimo de su tesis original y, por añadidura, empiezan a pedirnos concesiones unilaterales que se traducen en nuevas exigencias, como la evacuación total e incondicional de China por nuestras fuerzas militares, la retractación sobre el reconocimiento del Gobierno de Nankín y la rescisión del pacto tripartito entre el Japón, Alemania e Italia. Si nos sometiéramos a tales imposiciones no sólo se pondría en entredicho el prestigio del Imperio y se esfumaría toda posibilidad de rematar felizmente el asunto de China, sino que también peligraría la existencia de todos nosotros. Es evidente, pues, que no podemos afianzar nuestros derechos por la vía diplomática.
Aparte de eso, los Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda y China han acrecentado últimamente la presión económica y militar que vienen ejerciendo sobre nosotros; considerando el emplazamiento de las fuerzas nacionales y su estrategia, esto conduce a una situación que no nos permite aguardar con pasividad el resultado de tal evolución. Puesto que las cosas han alcanzado ese punto, no hay más recurso que entrar en guerra con los Estados Unidos, Gran Bretaña y Holanda a fin de superar la crisis actual y salvaguardar nuestra existencia.
»Es muy de lamentar que el estallido de esta gran guerra a continuación del conflicto chino, cuya duración sobrepasa ya los cuatro años, haya de ocasionar nuevas inquietudes a-Su Majestad. Pero si se tiene presente que las fuerzas nacionales han cuadruplicado sus efectivos desde las fechas anteriores al-conflicto con China, que nuestro pueblo está cada vez más unido y que la acometividad de nuestros soldados y marineros alcanza un nivel de eficacia jamás visto en el pasado, no hay duda de que salvaremos esta crisis y la nación entera ofrendará su vida a la patria como un solo hombre...»
COMIENZA LA GUERRA EN EL PACIFICO
La pugna del Japón por una «gran esfera asiática de prosperidad»
«Al tiempo que el Ejército alemán del Este sufría su primera gran crisis ante Moscú durante el invierno 1941-1942 y la ofensiva británica de Cirenaica creaba una situación amenazadora en el Mediterráneo oriental, las fuerzas militares japonesas del Extremo Oriente invadían, cual incontenible riada, vastas regiones del Este asiático.»
«Desde la primavera de 1940 se sentía gran inquietud en el Cuartel Imperial japonés acerca de lo que podría suceder cuando el Japón, un país cuya suerte dependía en gran parte de las importaciones de materias primas y en particular del combustible, "comenzase a experimentar más graves dificultades" a causa de ciertas medidas coercitivas impuestas por los americanos en el terreno económico, sobre todo la que prohibía la exportación de materias combustibles.
Se había llegado a la conclusión de que sería necesario explorar todos los caminos políticos imaginables al objeto de asegurar las importaciones de petróleo, especialmente desde las Indias Orientales holandesas. Pero al propio tiempo se debía contar también con la posibilidad de que los diferentes puntos de vista angloamericanos dieran al traste con ese empeño político.
A fin de afrontar tal contingencia, a mediados del año 1940 se comenzó el estudio de operaciones militares diversas para conquistar las regiones productoras de materias primas en el Asia meridional... y, ante todo, las fuentes petrolíferas.
»Al empeorar, entre el verano de 1940 y la primavera de 1941, las relaciones americano-niponas, los Estados Mayores del Ejército y la Armada en el Cuartel Imperial empezaron a forjar planes de conjunto en sus respectivas Secciones de Operaciones (abril de 1941), tomando como base el estudio operativo ya mencionado. De ese planteamiento se dedujo que, desde un punto de vista puramente económico, interesaba expugnar las zonas más importantes —sobre todo las petrolíferas— de Sumatra, Borneo, Java, Malasia y Célebes. Tan pronto como se puso de manifiesto que cualquier ataque contra las Indias Orientales holandesas, cuya conquista constituía el objetivo fundamental de una operación ofensiva, provocaría sin duda la intervención inglesa en el plan y con toda probabilidad la de los Estados Unidos de América, se acordó considerar de antemano como adversarias a esas tres potencias. No se creyó poder asumir la responsabilidad de avanzar hacia Insulindia a lo largo del archipiélago filipino, todavía en posesión de América, pues el riesgo de que los americanos asestasen un golpe de flanco desde las Filipinas era demasiado inquietante. Así, pues, se resolvió incluir en las operaciones del Sur contra las islas neerlandesas, la ocupación de Filipinas en su flanco oriental y la de Birmania y la península malaya en el occidental para prevenir los contraataques de americanos e ingleses por un lado y otro.

»En términos generales, el plan concebido por los japoneses para la operación del Sur preveía a su terminación la posible ocupación pacífica de Thailandia, la conquista de la Malasia británica y Filipinas, más las bases menores de Hong Kong, Guam y Wake (1.a etapa), y tras ello la ocupación de Borneo, Sumatra, Java, Célebes, las pequeñas islas de la Sonda, el Timor neerlandés, el archipiélago de Bismarck y Birmania (2.° etapa).
»Una vez conquistadas las zonas productoras del Asia oriental se pensaba adoptar una táctica defensiva durante la segunda fase de la guerra, con cuyo fin se crearía un cinturón de defensa, escalonado en gran profundidad, alrededor de los territorios conquistados, que debería neutralizar y desbaratar toda clase de contraataques. Mediante este procedimiento se esperaba poder hacer una guerra tan costosa para los aliados que éstos se verían obligados en última instancia a firmar una paz compromisoria y respetar el botín del Japón.
«Mientras los Estados Mayores del Ejército y la Armada se ocupaban de ese proyecto en el Cuartel Imperial, el Estado Mayor de las Flotas Unidas puso en marcha un segundo plan operativo totalmente ajeno al otro y desconocido al principio del Cuartel General Imperial. El almirante Yamamoto, comandante en jefe de las Flotas Unidas, estimó que las escuadras americanas del Pacífico entrañaban un gran peligro para la operación japonesa del Sur. Por consiguiente, opinó que se debería neutralizar esa amenaza antes de iniciar las operaciones en
dirección Sur. Hacia fines de 1940 había examinado ya, con dos oficiales expertos de la Aviación Naval, la posibilidad de emprender una acción contra la Flota americana en su base de Pearl Harbour (Hawai), y más tarde tomó como fundamento ese estudio para que su Estado Mayor elaborara entre abril y agosto de 1941, un minucioso plan. De acuerdo con el mismo se destacaría, con el máximo secreto, en el Pacífico septentrional una División naval integrada por los seis portaaviones más rápidos y poderosos de la Flota y algunas unidades de escolta, pocas, pero de gran acometividad; estas fuerzas pondrían rumbo a Hawai y realizarían su ataque "al mismo tiempo que se declaraba la guerra", a fin de sorprender con efectos aniquiladores a la Flota americana en su base.
»A fines de agosto del año 1941 el almirante Yamamoto hizo presentar el Plan Pearl Harbour como parte de un ejercicio táctico al jefe del Estado Mayor Naval, y solicitó su inclusión en los planes básicos de guerra. Sin embargo, el Estado -Mayor de la Armada puso serias objeciones a ese proyecto. Opinó que si se disgregara del grueso una escuadra de semejante potencia se debilitaría sensiblemente a las unidades previstas para la operación del Sur, y adujo al propio tiempo que la peligrosidad de un rápido contraataque por la Flota americana del Pacífico no era tan grande como se suponía. El Estado Mayor Naval señaló, asimismo, que existían muy pocas 'probabilidades de poder alcanzar a escondidas la región marítima de Hawai; y un descubrimiento prematuro daría al traste con toda la operación. Por último, señaló la carencia de datos que garantizasen positivamente la presencia en puerto de la Flota adversaria cuando llegara el momento.
»Aunque las posibilidades de un ataque por sorpresa se revelaron de forma patente durante el ciclo de conferencias técnicas y ejercicios tácticos realizados por la Academia Naval japonesa entre el 2 y el 13 de setiembre de 1941 —con cuyo motivo se examinó, a petición de Yamamoto, la operación secreta en aguas de Hawai, junto a diversos problemas planteados por la conquista de puntos importantes en las regiones meridionales—, el Estado Mayor de la Armada siguió mostrándose poco inclinado a dar su asentimiento a ese proyecto de operación. Sólo cuando, el 19 de octubre, el almirante Yamamoto abogó vehementemente una vez más por su plan y amenazó con dimitir en caso de una negativa, el jefe del Estado Mayor Naval, almirante Nagano, decidió, en fecha 20 de octubre, aprobar, a título provisional, el plan de operaciones, y, con carácter definitivo, el 3 de noviembre.
»Sim embargo, el ataque proyectado contra Pearl Harbour no fue en modo alguno el objetivo fundamental de los planes bélicos japoneses. Aquel planteamiento descargó manifiestamente todo su peso en la operación del Sur. Y es de observar que las unidades a cargo de las cuales corrió la operación de Pearl Harbour fueron tan sólo una pequeña parte de las Fuerzas Navales japonesas, a saber: 6 portaaviones de un total de 10, 2 acorazados de 10, 2 cruceros pesados de 18, 1 crucero ligero de 18, 11 destructores de 84 y 3 submarinos de 57, más 8 petroleros de construcción moderna.
»Tan pronto como diesen comienzo las hostilidades, la Agrupación "Malaya" desembarcaría la 5ª División en la costa oriental de Malaca, la Agrupación "Filipinas-Norte" las vanguardias del 14.° Ejército en los sectores norte y noroeste de la isla de Luzón, y la Agrupación "Filipinas Sur" un destacamento de la 16.a División en Legazpi, al sur de Luzón. Durante la segunda fase de la operación se asignaría a la Agrupación "Malaya" la misión de formar una cabeza de puente en la costa septentrional de Borneo con parte de la 18.a División; entretanto, la Agrupación "Filipinas-Norte" habría de desembarcar la 48.a División, reforzada, en el golfo de Lingayen, en el litoral occidental de Luzón, y el grueso de la 16.a División en la bahía de Lamón, hacia el centro de la misma isla, y la Agrupación "Filipinas-Sur" situaría pequeñas unidades de la 56.a Brigada mixta en Davao (Mindanao) y Jólo.
»E1 20 de octubre de 1941 comenzaron a maniobrar sobre la base prevista del ataque las Fuerzas japonesas de Tierra, Mar y Aire que habrían de participar en la operación Sur. Este despliegue quedó prácticamente ultimado el 1.° de diciembre del mismo año: las fuerzas destinadas a la operación "Malaca" se concentraban ya en la zona al sur de Indochina hasta Hainán, las de la Agrupación "Filipinas-Norte" en la región de Formosa y las de la "Filipinas-Sur" en el mandato japonés de las islas Palaos al este del archipiélago filipino.
»El Mando japonés tuvo desde un principio el convencimiento de que sería imposible ocultar por completo las evoluciones de escuadras tan potentes en una zona marítima muy frecuentada por las líneas comerciales de navegación. A decir verdad no se tomó ninguna extraordinaria medida de precaución para "camuflar" ese despliegue, pero, por otra parte, se puso gran empeño en hurtar a los ojos de la observación enemiga la concentración de la Escuadra "Pearl Harbour" en la
isla de Etorofu, (Kuriles) y enmascarar sus movimientos mediante un hábil intercambio de partes radiofónicos ficticios.» El plan tuvo éxito, y con el inesperado ataque a Pearl Harbour y la aparición de un nuevo escenario bélico en el Pacífico la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un conflicto universal.

Octavilla lanzada, el dia del ataque por los japoneses.
Perdonad el ladrillo.
saludos











