
En los últimos días antes del fin, algunos camaradas que estaban gravemente heridos, fueron evacuados del Kessel. De esta manera, 24.910 heridos fueron sacados de allí. La gran mayoría fue abandonado a su suerte.

El aprovisionamiento de Stalingrado desde el aire fue un gran sacrificio para la Luftwaffe. Se perdieron aproximadamente 550 aviones. Esto significa que una tercera parte de los aviones empleados junto con su tripulación se quedó en el trayecto. Fueron víctimas del tiempo, los cañones y los cazas.

En el aeropuerto de Majakowskaja se cargaron las provisiones para el sexto ejército. Los suministros de alimento, munición y carburante para 300.000 hombres no fueron nunca suficientes. El 24 de noviembre del 42 se dio a conocer que las raciones para el sexto ejército se recortaban a 300 gramos de pan cada día y poco después a 200. El suministro de munición tenía prioridad. Los heridos y enfermos no recibían alimento para que el resto de la tropa estuviera en disposición de luchar. Los defensores del Kessel sólo necesitaban 40 toneladas de pan diario.

Los hombres que tenían una autorización podían ser evacuados.

Aunando esfuerzos, el personal de tierra intentaba poner en marcha los Junkers. Los motores, como protección contra el frío, debían permanecer en marcha. Lo que solía suceder, es que las hélices decapitaban a los imprudentes.

Se comprobó que el abastecimiento desde el aire era imposible. La escasa visibilidad, las tormentas de nieve, las heladas y los ataques enemigos contra el transporte desarmado hizo que la empresa fallara.

El aeródromo de Gumrak se rindió el 23 de enero, y con ello desapareció el último rayo de esperanza para los soldados moribundos. En la tropa, reinaba un hambre cruel, los hombres se congelaban y el número de bajas crecía de una forma inimaginable. Cada vez más soldados morían a causa del hambre, frío y enfermedades y no tanto a causa de los combates.

La carretera Stalingrado – Pitomnik.
El aeródromo de Pitomnik cayó en manos rusas el 16 de enero. Cientos de muertos y moribundos adornaban el camino totalmente congelado, en la desesperada hu´da ante la superioridad del ejército rojo y quizás con la esperanza de poder ser evacuados en avión del Kessel.

Los cuerpos congelados adornaban el trayecto al aeródromo de Pitomnik. El infernal hundimiento de Stalingrado encontró aquí su repentino final.

Heridos congelados, muertos por el hambre y otros por el agotamiento yacían juntos. El tremendo frío durante semanas les dio el aspecto de estar muertos desde hacía sólo unas horas.

Con el plato de campaña aún en la mano, debió morir buscando algo de comida. Después de la guerra su cuerpo debió ser enterrado en una fosa o quemado.

Un oficial herido que perdió la lucha contra las adversidades. Los supervivientes, cuando no eran observados, comían carme human que cortaban del trasero, los muslos o las pantorrillas.

Uno de los últimos JU 52 transporta demasiado tarde munición y vuela con los heridos graves, que han conseguido salir del Kessel. Se suceden escenas dantescas: algunos hombres desesperados, se asían a los salientes congelados del avión, y cuando el avión lograba despegar, caían desde lo alto hasta el suelo.

Muchas tropas se entregaban a los rusos. No sabían lo que les esperaba.

Cuerpos congelados de un convoy, objetivo de un ataque del ejército rojo. Sus cuerpos derretidos y descompuestos no serán recogidos antes de la primavera del 43. 60 años después, aún no se ha conseguido borrar las huellas del ataque. Algunos soldados yacen para siempre en la estepa de Stalingrado, como cuando las balas enemigas les acertaron.

El caballo fiel – Apático e indiferente a su entorno.

Soldados alemanes rindiéndose al ejército rojo.

¿Sonríen porque la cámara esta delante? Pocas horas después enmudecerán, para siempre. La guerra ha acabado, pero los sufrimientos como prisioneros de los rusos marcarán sus vidas.

El entierro de los camaradas caídos en las trincheras. No pudieron enterrarlos más profundamente ya que el suelo estaba congelado y estaban constantemente bajo fuego enemigo.

Este soldado alemán se dobla a causa de los dolores y no sobrevivirá al esfuerzo del día siguiente.

Los miembros congelados y el hambre hacen que este soldado camine en una dirección incierta.

Este caballo tampoco tenía oportunidad de sobrevivir. Durante seis meses el hambre reinó en Stalingrado.

Multitud de armas apresadas a los alemanas fueron reutilizadas por el ejército rojo.

Friedrich von Paulus en la capitulación de Stalingrado el 31 de enero del 43.

El general Paulus dirigiéndose al cuartel general del 62 ejército en Beketowka.

Falta de entendimiento con los rusos. Nunca antes un mariscal de campo se había dejado apresar. Para los soviéticos fue la captura más preciada desde el principio de la guerra. Paulus poco antes del interrogatorio.

Paulus durante uno de los interrogatorios. El oficial y caballero de la vieja escuela, siempre estaba bien vestido y elegante.

Paulus fue el trofeo de Stalin en la guerra contra Hitler.

Aviones en el aeródromo de Gumrak. Los aparatos fueron destruidos en el suelo.

Un JU52 destruido en el aeródromo de Gumrak. Muchos de esos aparatos estaban aun cargados con provisiones, ropa y munición, pero la ayuda llegó demasiado tarde.

Los cuerpos congelados se apilaban en la zona del aeródromo. Los heridos en Gumrak no recibían alimento alguno. Cuando en enero, los rusos estaban cerca de Gumrak, los heridos fueron abandonados a su suerte. El destino de estos hombre estaba sellado. Rematados a golpes, aplastados o ametrallados con los tanques, quemados con lanzallamas, no pudieron escapar de los rusos.

Cada vez que un aparato era derribado, disminuía la esperanza de la salvación. Resignación, suicidio, rezos, llamamiento a las madres, padres e hijos, ése era el aspecto del glorioso sexto ejército.

Suministros que los receptores nunca localizaron. Aparatos destrozados en el aeródromo de Pitomnik.

Piloto alemán de la Luftwaffe. Uno de los muchos que no consiguieron sobrevolar la ciudad.

Sin dueños. Los caballos fueron devorados.

El legado de una tragedia. Después de la guerra se hubiera podido levantar una fábrica de acero en Stalingrado.

Panzer alemán destruido en la zona de la estación.

En la primera planta de los grandes almacenes de Krasnaja, acabó el ataque. En el sótano se encontraba la plana mayor del sexto ejército.

Tumbas alemanas al lado del centro comercial (hoy “Hotel Intourist”). Todas las tumbas fueron destruidas o se construyó sobre ellas.

Armas, máquinas de escribir y pertrechos del ejército alemán fueron recaudados por los rusos para su propio uso.

Enero de 1943. Una vista que se convirtió en algo cotidiano.

Debería ondear, pero ahora sólo yace en el suelo. El Volga debía ser el final del avance de las tropas alemanas. Pero fue el final del sexto ejército.

Incontables cuerpos se amontonaban a los lados de las carreteras. A veces no se podían apartar los obstáculos y se conducía por encima de los cuerpos, lo que producía un extraño crujido al pasar por encima.

Si sus familiares supieran que sucedió... El despliegue bélico de Stalingrado no fue comparable a nada en la historia bélica.

Poco después de la capitulación, el 31 d enero del 43, en la plaza roja de Stalingrado. No sobrevivirán. Al fondo, las ruinas de un centro comercial. A la derecha las ruinas de lo que es hoy el hotel “Wolvograd”.

Desde semanas sin alimentos, sin higiene, sin una triste carta de casa. Para la mayor parte, la muerte bajo la mirada de los rusos será una salvación.

Aquí descansaban los que pudieron ser enterrados. Poco después, las tumbas de los soldados alemanes fueron voladas o allanadas con tanques.

El interminable campo de cadáveres en el Sur de Stalingrado, entre Beketowka y el Volga.

Estos soldados no tuvieron nombre nunca más. Congelados, no fueron enterrados antes de la primavera. En casa nunca sabrán donde se metió Papá, el esposo o el hermano.

Soldados de la Wehrmacht apilados en un cementerio, que ya no serán enterrados en el frío suelo de Stalingrado. Cuando los cadáveres que cubrían el suelo se empezaron a descomponer y a apestar en la primavera del 43, entonces fueron enterrados.

Soldados caídos de la Wehrmacht en el oeste de Stalingrado. Se quedaron sin una sepultura decente.

Las víctimas del ataque de los dos bandos son aún hoy en día difíciles de calcular. Los datos exactos no se sabrán nunca.

Tumba de soldado alemán en Stalingrado. Las tumbas de los caídos serán deshonradas y dispersadas.

Montañas de cadáveres en un cementerio, cerca de la ciudad. Demacrados en sus uniformes, devorados por los chinches y piojos y con sus extremidades pudriéndose, ningún regimiento quería enterrar estos cadáveres.

La misma toma desde otra perspectiva.

Una caza alemán derribado en el centro de la ciudad.

La misma máquina desde otra perspectiva.

Vista del aeródromo de Tazinskaja, el 28 de Diciembre de 1942.

Estepa de Stalingrado en enero del 43. Los soldados que intentaron no caer en manos de los rusos, murieron miserablemente en este desierto de nieve de hambre o congelados.

Montañas de cadáveres y chatarra en la estepa de Stalingrado a principios del 43. Se necesitaron años para quitar los montones de chatarra.

Cuerpos tras una batería, distribuidos de forma grotesca.

No consiguió sobrevivir al ataque.

A la muerte, a veces le gustaba mostrarse de esta forma tan tranquila. La carga, el dolor y la pena deberán soportarse en el hogar durante décadas.

Daba igual como morir: o de hambre, de frío, de una enfermedad o por las balas enemigas. La pérdidas de efectivos en las últimas semanas debidas a acciones militares eran mínimas en comparación a las pérdidas ocasionadas por el hambre en el Kessel.

El cadáver congelado de un oficial de la Wehrmacht. No antes de la primavera, cuando el sol empiece a descongelar los cuerpos y el campo se llene del olor a cadáveres en descomposición, los caídos serán enterrados o sencillamente quemados.

El cadáver de un soldado, despojado de sus pertenencias, en el centro de la ciudad. Lo que más codiciaban los rusos, eran relojes, joyas y marcos.

En la primavera del 43, los cadáveres empezaron a descomponerse. Un repulsivo olor a descomposición cubrió la zona.

Casi como un esqueleto, este soldado fue despojado de sus pertenencias. ¿Moral? No la había en esa maldita guerra. Muchos cadáveres fueron registrados por los rusos en busca de objetos de valor. En principio estaba prohibido, pero los oficiales del ejército rojo lo toleraban.

Los cadáveres de la tripulación de un panzer alemán. En medio de la foto: un proyectil abierto.

En Stalingrado, nadie puede llorar tanto, como las personas que perdieron aquí a sus seres queridos.

La bandera del III Reich ya no ondea en Stalingrado.

Las tumbas finalmente también desaparecieron. Por lo tanto, incluso hoy es imposible localizar a los caídos que fueron aquí enterrados.
Textos y fotos de: Rainer Lehmann.


















