Foro general de temas relacionados con la 24ª Flotilla o temas como técnica submarina, historia de la Segunda Guerra Mundial, etc. No se permitiran los "Off-Topic" en esta sección.
Estimados compañeros, es cierto que la cultura japonesa tenía y tiene sus particularidades y resulta difícil para un occidental poder siquiera entenderlas. Sin embargo las acciones (el suicidio de la mujer con los hijos, así como la del propio marido posteriormente como kamikaze) responden a conductas desadaptadas (a pesar de creer ser adaptadas a su cultura) que están ampliamente estudiadas por ciencias como la Psiquiatría y la Psicología.
Os puedo hablar con cierta propiedad sobre la última pues estoy cursando ya 4º curso de la misma y con suerte el próximo año podré acabar esta interesante carrera. Para mí, y a pesar de las culturas, los hombres tienen unas formas más o menos comunes de actuar. El suicidio tan solo es diferente en la culturas en dependencia de los ambientes y circunstancias personales, pero como suicidio en sí mismo es igual para todos. No es más que la autoaniquilación, el dejar de actuar, el dejar este mundo sean cuáles sean las circunstancias.
Creo que por mucho "honor", "culpa", "responsabilidad" o cualquier otro motivo, el autoejecutarse no es más que una conducta desordenada, una acción a la que llega un ser humano tristemente en un estado desadaptado de su conciencia, de su persona. Recordemos que el instinto animal, donde nos incluímos lógicamente, es el de sobrevivir, no el de sucumbir, el suicidio es un acto final provocado por circunstancias generalmente adversas, forzado por el común en circunstancias donde no se pueden controlar los impulsos. Si en este foro hay algún médico (que creo que sí), podrá confirmar que estadísticamente existen más tentativas de suicidios que suicidios consumados, así como que los reportes de los que han sobrevivido, en muchos casos, ha sido el de haberse arrepentido justo cuando ya lo estaban consumando.
Os aseguro que en las consultas de psicología si viene una persona con este tipo de pensamientos, no nos paramos a pensar si su cultura lo acepta o no lo acepta, vamos a por el individuo, a salvarlo y punto.
Un saludo.
"La vida es una guerra sin tregua, y se muere con las armas en la mano."
A.Schopenhauer
Si lo analizamos como una acción aislada puede parecer una estupidez. Una incomprensible e irracional estupidez. Pero si lo analizamos con mayor detenimiento y luego de haber leido algo acerca de la historia, la cultura y la espiritualidad japonesa, quizás podamos darnos cuenta que esa acción no es un hecho aislado, que en la misma situación cualquier mujer japonesa hubiera realizado esa acción o alguna similar, por lo cual no debe ser tomado como una simple actitud de alguien desquiciado sino como una manifestación propia de la cultura de un pueblo.
Los japoneses no entienden la racionalidad como la entendemos los occidentales y aún así son un pueblo extremadamente racional. Poseen un supremo sentido del deber en el que las necesidades de la nación, de la comunidad y de la familia están por encima de cualquier necesidad individual. Su concepción del honor es tan peculiar que occidente no podría jamás entender sus motivaciones.
Pero en especial, su comprensión de la muerte es tan diferente que para un occidental resultaría por completo inverosímil, debido a que el occidental se aferra a la vida escondiendo un ancestral miedo a la muerte que el japonés no tiene.
El código feudal occidental de caballería, ya muerto en todo sentido es, en cierto modo, una contraparte del código Samurai - El Bushido - en muchos aspectos ese sentido caballeresco ha quedado completamente olvidado por el hombre de occidente, pero si se pudiera recordar aún - de alguna manera - su sentido primario en la forma de vida de aquellos hombres de la Europa romántica de hace más de 1000 años no parecería tan ilógico pensar que los japoneses sigan adhiriéndose a sus principios de Bushido como antaño, aquellos principios que señalaban con absoluta convicción: "Cuando se pierde el honor, es un alivio morir; la muerte no es sino un retiro seguro de la infamia".
Esa mujer, en su modo de vida, entendió que debido al amor (apego) que su marido tenía por su familia, ese soldado y oficial japonés – y por lo tanto - ese samurai en esencia, sometido moralmente al código del Bushido, no enfrentaría la muerte debido a su incapacidad para el renunciamiento y que, en todo sentido, ello sería juzgado - sin duda -como un acto cobardía.
Su mujer sabía que su marido iba a terminar deshonrado y que la excusa y motivo se encontraba en el apego familiar, que esa deshonra sería también la deshonra de toda su familia, pasada, presente y futura. Lo cual constituiría una completa degradación. Entonces tomó la decisión fatal. Terrible e incomprensible para nosotros.
Sin embargo, esta acción, mas que un acto de amor fue un acto de justicia. Con su eliminación, la mujer condenó de una manera terminante a su marido al mayor dolor y a la peor humillación... La de su conciencia. Pues en el momento en que Hajime Fujii descubrió el cuerpo de su familia en la playa, en su desesperación, entendió perfectamente el mensaje de su mujer y en ese instante de dolor, también se llenó de una culpa mortal y se volvió responsable. Su mujer lo obligaba a enfrentar la muerte con honor y abandonar por completo su degradante cobardía. Seguramente incomprensible, pero así piensa el japonés.
Desde el punto de vista moral del japonés, esa mujer no cometió un acto irracional – por el contrario – actuó basada en la profunda convicción de que sólo su sacrificio y el de su familia evitarían la cobardía de su marido obligándolo cumplir su deber con honor.
Quizás luego de una reflexión más profunda, alguien pueda comprender porque aquella escuadrilla llevaba el nombre de Kaishintai…
Recordemos que a los niños japoneses desde pequeños se les inculcaba el concepto y el "valor" del samurai, les regalaban espadas en vez de coches y muñecas.
Si les hubiesen regalado mas muñecas y mas coches y menos armas seguro que la historia hubiera sido bien distinta.
Estimado Caminante, creo que redundas en mi opinión, "circunstancias", "ambientes", "situaciones", en definitiva, "cultura". No reprocho, con mis excepciones, su forma de entender todo ello, puedo incluso imaginar la situación, todos podemos entender el hecho dado de una persona que se ha suicidado si tuvieramos acceso a su historia personal, sin embargo, no es, a mi entender, razón suficiente pues parece que todo ello justifique el suicidio y el suicidio no tiene justificación. La vida podrá entenderse desde el prisma que queráis (Dios, Evolución... Shiva o los marcianos), sin embargo en el orígen de todo ello no parece existir que el fin sea la autoaniquilación (aunque pueda parecer lo contrario --¿acaso la lucha no es combatir por sobrevivir?--)
No quiero filosofar en exceso, entiendo tu postura, es lógica, histórica y cultural, sin embargo, a pesar de que nuestro fin es la muerte (la observes desde el punto de vista japonés o no japonés), no es la autoaniquilación, sino la supervivencia. Otra cosa podría ser indefensión ante una muerte inmimente o, como lo llamaban los antiguos griegos, cierto esoticismo, pero ya no estaríamos hablando del suicidio, sino de otra forma de afrontar lo inevitable y común a todos los seres humanos.
Un saludo.
"La vida es una guerra sin tregua, y se muere con las armas en la mano."
A.Schopenhauer
créeme caminate, la base de ese pensamiento no dista nada de la del kamikaze palestino que sube a un autobus cargado con explosivos.....para ellos es igualmente un honor morir matando.
Culturlmente el Japon que surge tras 1852 o 53 ( ver el ultimo samurai)sigue conservando pautas socioculturales medievales con unos valores hiperdimensionados como la tradicion y el emperador. En ellos la sociedad esta por encima del individuo (ver Confucio). Sólo asi se entiende el suicidio ritual , conocido en occidente como hara-kiri.
El fenomeno Kamikaze es totalmente diferente a al suicida palestino o al fenomeno que se dio en los cielos de la URSS o de Alemania al final de la guerra en que los pilotos se estrellaban contra las colas de los bombarderos al acabar su munición.
Entender algo así nos va a resultar muy dificil a todos nosotros. En este caso debeis saber que fue algo exagerado incluso para los propios japoneses y el caso fue censurado hasta el final de la segunda guerra mundial.
Como os podeis imaginar no todos los japoneses estaban de acuerdo con estos metodos y hubo comandantes que se negaron a que sus hombres se prestaran a estas practicas. Otros, entre los que se encontraban varios ases de la aviación, fueron sencillamente obligados a suicidarse.
Siempre debemos tener en cuenta al acercarnos a un fenomeno historico es que lo que es inaceptable hoy día no tenía porque serlo hace 200 o 300 años. Es lo que se llama relativismo histórico. El problema con el que nos encontramos al tratar temas de la segunda guerra mundial es que ocurrió hace dos dias y en ningún caso vamos a poder ser objetivos. Un colega especializado en Historía Antigua decía, exagerando que la Historía Contemporanea no era tal por falta de perspectiva (que da el paso del tiempo) que era periodismo.
Hay una corriente antropológica que opina que al enfrentarse a otras culturas hay que hacerlo de la misma manera (Relativismo antropológico). Logicamente esto es absurdo y está totalmente desfasado porque es el tipo de razonamiento que nos llevaría a justificar la ablación o las ejecuciones públicas. Distinguir entre espacio y tiempo en estos casos si es importante.
En japonés existen varias palabras para el suicidio con sutiles diferencias entre ellas por ejemplo jijatsu (matarse a uno mismo), tiene un sentido negativo, incluso pecaminoso, como el suicidio en muchas culturas occidentales. Pero jiketsu (literalmente «autodeterminación»), sugiere un acto honorable o elogiable, realizado en interés público; por ejemplo, un acto llevado a cabo para proteger el honor del que comete el suicidio. A diferencia de la moral judeocristiana, el sintoísmo japonés no tiene tabúes religiosos ni éticos con respecto al suicidio.
El teniente general Kyoji Tominaga, comandante en jefe de la Cuarta Flota Aérea nipona en Filipinas a finales de 1944, fue a la aviación lo que Onishi a la armada. Ordenó 62 ataques especiales en los que se estrellaron 400 de sus aviones. En total perdieron la vida 700 de sus pilotos suicidas, frente a los 500 que se autoinmolaron obedeciendo órdenes de Onishi. Hubo batallas en las que los kamikazes estuvieron cayendo sobre los barcos estadounidenses durante diez horas seguidas. Al final de la campaña de Filipinas, los suicidas habían hundido 40 buques aliados. Además de las pérdidas materiales que causaban en las fuerzas aliadas, los kamikazes minaron como ningún otro enemigo la moral de los combatientes aliados.
«Se me rompía el corazón cuando recibía a un nuevo grupo de aviadores de Ataque Especial (...) y luego les despedía en el aeródromo. Me resultaba casi imposible darles el último adiós a los que estaban casados y tenían hijos», recordó Tominaga en su exoneración.
Si hubo una ocasión en que Tominaga se mostró especialmente imperturbable ante el destino de los pilotos suicidas, fue cuando tuvo noticia de que su propio hijo había caído en una de aquellas misiones sin regreso. «A principios de 1945, el teniente general Kyoji Tominaga ( ) fue informado telefónicamente de que su hijo Yasushi había perdido la vida en una misión suicida ( ) tan sólo preguntó: "¿Es seguro?" ( ). Luego, volviéndose hacia su mujer le dijo: "Yasushi se ha ido". Ella le tomó la mano, pero ninguno de los dos mostró emoción alguna».
Según recordaría otro de sus hermanos, quien estuvo junto a él en sus horas postreras, antes de que el piloto partiera a convertirse en un dios -destino que aguardaba tras la muerte los kamikazes- Yasushi permaneció animoso en todo momento. En sus aún recientes días de universitario, el suicida dedicó su tiempo libre al boxeo y a las mariposas. Sus compañeros de entonces le recordaban como un tipo inteligente, alegre y rebelde. Su amor por la lengua inglesa resulta chocante y más aún su gran afición al cine estadounidense.Sentía una debilidad especial por los westerns de John Ford -combatiente en la armada norteamericana, dicho sea de paso-, pero fue en una cinta de piratas donde encontró inspiración para pintar la cola de su avión, el Hayabusa. La ilustración no podía ser otra que las dos tibias cruzadas bajo una calavera de los filibusteros.
«Kamikazes» (La Esfera de los Libros), de Albert Axell y Hideaki Kase.
No tengo ni la inteligencia ni la cultura que demuestran algunos de nuestros camaradas en éstos foros, pero me gustaría resaltar partes del relato que nos ocupa:
“…Después se presentó tres veces como voluntario a piloto Kamikaze, pero le rechazaron por ser padre de dos hijos...”
El protagonista de la historia quería dar la vida por su país o por su emperador (que aún en nuestros días creo que conserva su consideración de semi-dios). Pero es rechazado una y otra vez. ¿El motivo? Era padre de dos criaturas. Con buen criterio, quien tenía que autorizar el suicidio de éste hombre, no quería dejar huérfanos a los infantes. Al menos eso quiero creer. Tal vez las motivaciones eran otras, lo desconozco.
Y el relato continúa con la carta que le deja su mujer:
“…Sé que por nuestra causa no puedes hacer aquello que más quieres por tu país. Por ello permítenos dejar el mundo antes de que te unas a nosotros. Por favor, lucha sin que nadie te detenga…”
Su esposa tiene conocimiento de que su marido desea suicidarse por su país; pero hay algo que lo impide: la existencia de sus dos hijas. Por tanto, decide matarlas y suicidarse ella también.
De éste modo libera a su marido de esa “carga” y le alienta a matarse ¿con honor?, por su país.
Qué maravilla.
Creo que podríamos encontrar alguna similitud con los actos de algunos fundamentalistas islámicos que se convierten en hombres bomba y se abalanzan contra un autobús, un mercado o un local abarrotado. En nombre de Alá y asegurandose con ello el paraíso, disfrutando de las uríes que le esperan en la otra vida para su disfrute y alcanzando el estatus de mártir. Mientras entre los mortales, su familia celebra con orgullo su muerte como un acto de fe, de generosidad máxima, de martirio, de honor…
Distintos países, distintas épocas, distintas motivaciones, distinta moral y religión.
La misma situación: el poderoso que manipula para su interés al ciudadano anónimo y lo moldea a su antojo para convertirlo en una máquina de matar, que no piensa, no razona, sólo actúa.
Anulando incomprensiblemente el instinto más básico, más primario y fundamental: el de supervivencia de uno mismo.
Sin duda, si yo fuera alguien poderoso y tuviera que luchar, me gustaría tener un ejército lleno de ésta clase de hombres. Es más, si pudiera elegir, pediría un ejército al que le hubieran eliminado por completo el instinto de supervivencia; por tanto, el miedo… causarían pavor y serían casi invencibles.
Esto es una imperdonable y asquerosa manipulación, totalmente irracional, alienación pura, lavado de cerebro…disfrazado todo ello de un absurdo código de honor, una incomprensible moral, o una tiránica religión, en fin… alguien dijo que en la guerra el ser humano da lo mejor de sí mismo. Tal vez. Lo que es seguro, es que aflora lo peor de todos.
Nosotros, aficionados a juegos de guerra y enamorados de los submarinos, podemos también recordar que al final de la Batalla del Atlántico, deliberadamente, sabiendo que era un inútil sacrificio, Alemania envió más y más submarinos y a sus tripulaciones, a una muerte segura.
Hubo casos de tripulaciones que sabotearon sus U-boote para que no los enviaran al matadero.
La mayoría, salieron a la mar, y encontraron la muerte. ¿Héroes éstos últimos y cobardes los primeros?
Para mí, héroes fueron los saboteadores que deseaban terminar de una vez la guerra y volver con sus familias.
Los otros, fueron pobres idiotas, que navegaron hacia la muerte engañados bajo un manto de honorabilidad, sentido del deber, amor patrio y fé ciega en un demente que tomó las riendas de una país en el momento oportuno y que como un encantador de serpientes, condujo a toda una nación a la locura, al horror y a la vergüenza.
Para terminar, recuerdo unas palabras de Arturo Pérez Reverte en una reciente entrevista en la que decía “El ser humano es una bestia. Nadie me lo ha contado, lo he visto con mis propios ojos”
De éstos actos heroicos, generosos, de entrega absoluta o de locura, podemos intentar comprender su “lógica”, su por qué; pero eso no borra lo que queda al final de todo: el horror y la vergüenza de cualquier guerra, donde quiera que se produzca; en tiempos pasados, actuales o futuros.
Siurell escribió:Culturlmente el Japon que surge tras 1852 o 53 ( ver el ultimo samurai)sigue conservando pautas socioculturales medievales con unos valores hiperdimensionados como la tradicion y el emperador. En ellos la sociedad esta por encima del individuo (ver Confucio). Sólo asi se entiende el suicidio ritual , conocido en occidente como hara-kiri.
El fenomeno Kamikaze es totalmente diferente a al suicida palestino o al fenomeno que se dio en los cielos de la URSS o de Alemania al final de la guerra en que los pilotos se estrellaban contra las colas de los bombarderos al acabar su munición.
Saludos.
que una costumbre esté mas arraigada por su mayor historia no justifica los hechos ni los diferencia, en la praxis es lo mismo, una locura.......eso por no citar que aquí no solo hablamos de suicidio......que ocurrió con los hijos??, se suicidaron acaso??, no!, los mató su madre. si entendemos actos como éstos desde una perspectiva cultural, terminariamos "justificando" barbaridades mucho mayores.
Es una cultura totalmente diferente de la nuestra... no hay cabida para el entendimiento, ni ellos nos entenderian a nosotros, ni nosotros a ellos... solo nos cabe respetarnos tal como somos...
Favre escribió:
Sin duda, si yo fuera alguien poderoso y tuviera que luchar, me gustaría tener un ejército lleno de ésta clase de hombres. Es más, si pudiera elegir, pediría un ejército al que le hubieran eliminado por completo el instinto de supervivencia; por tanto, el miedo… causarían pavor y serían casi invencibles.
pues yo no... pues a ellos, ya ves que no les sirvio de mucho...
mas vale un ejercito que "piense" (aunque solo lo hagan unos cuantos...)
de nada te sirve un piloto, un conductor de carros, artillero, mecanico o lo que sea, si despues de una batalla no vuelve para seguir luchando...