No quiero presumir de nada pero de piscinas entiendo un rato, no en vano llevo currando 21 años en una descubierta. Concretamente soy el encargado de la Municipal del Guinardó en verano, manda webs.
La primera percepción de un pistacho en el agua es la que tan acertadamente han tenido Nurse y Siurell: una mier... de fruto seco mojado. Después, como trabajador y dependiendo si se mantiene a flote o no, puede ser o un simple estorbo o una putad...
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Sin embargo lo que siempre nos 'alegra' sobremanera a todos los operarios de una piscina es ver un 'zurullete' navegando de manera firme y decidida. Dicen que toda la caquita flota pero puedo juraros que he llegado a discernir, entre la marabunta de cabezas sonrientes, algún que otro en el fondo cual submarino inerte esquivando a un destructor. Pero volvamos a los que flotan, los estándar.
La frase más socorrida es la del tipico bañista barrigón que, con voz cazallera y cual sirena de barco, anuncia con absoluta discrección:
" ¡¡¡ HAY UN TRUÑO EN EL AGUAAAAA !!! ". Al momento, como si fuesen Rangers en Omaha, todos los empleados incluida la taquillera corren hacia el borde más cercano seguidos de unos 200 bañistas (mujeres, niños y jubilados primero) armados con cámaras y bolsas de patatas fritas.
Después de acabar mi pitillito con calma (un Camel es siempre un Camel) me levanto de la silla y recuerdo hacer lo que no hacen los compañeros: coger el cazamariposas. Con paso firme, si no tropiezo con alguien tirado en el suelo, me acerco a la muchedumbre y entono el tipico e inutil:
"... Ennngaaaaa, ¿ que pasaaaaaaa ?..."
Pensad (y Dios no lo permita) que un tren se sale de su vía empotrándose en el Camp Nou durante el Barça-Madrid, imaginaos que le preguntais a alguien cercano al estadio que ha pasado.
Pues lo mismo. Porque ya sé lo que hay, que si no me asusto.
Acto seguido me dirijo a cualquiera de mis 'subordinados' advirtiendo el terror en sus ojos:
" ¿ Has pillado el cazamariposas ? ". Normalmente tardan 5 segundos en reaccionar, comprendo que es dificil apartar de su mente la conmoción causada por el 'mojoncete' y sustituirla por el tipico
" ¿ Que hago yo aquí ?... ¡¡ ah !! estoy trabajando " así que muestro paciencia. Mucha paciencia. Casi sin darme cuenta el empleado corre a buscar el cazamariposas que YO tengo en la mano, así que se lo doy a otro y aprovecho el espacio liberado para ponerme en primera fila y calmar a la masa con mi presencia.
No hace falta hacer ningún 'ping' para ver donde está nuestro acorazado, y digo acorazado por que ni el Bismarck (perdona Carlos) producía tanto respeto. Es como un circulo sobre la lamina de agua rodeado por individuos estupefactos, un pequeño planeta azul en el que el zurullete se mantiene orgulloso en su exacto centro geográfico brillando bajo el sol al estilo de una isla volcánica. Comentarios como
"... mira, mira, hasta tiene piñones..." o
"... ¡¡ Cielo Santo !! ¿ pero que ha comido este hombre ?..." no me distraen de recordarle a la taquillera que se le está colando el personal, la veteranía siempre es un grado y debo mostrarme frio como el acero.
Ahora imaginaos a alguien en pantalones cortos, chancletas y camiseta amarilla hiper-chillona dando golpecitos en el agua con un cazamariposas de unos tres metros. Hay que tener cuidado de no alcanzar el objetivo directamente o cambiaríamos el tono del agua y eso no conviene, aunque el marrón no me disgusta a mi jefe no le haría gracia.
Poco a poco entre la acción combinada de las ondas causadas por los golpecitos, los chorros de agua dispensados desde la depuradora y los vitores del público nuestro amigo comienza a desplazarse. No es una marcha demasiado rapida (solo alcanza máximos de un nudo) pero suficiente para acercarlo a la costa. Mis sabios consejos instruyen al operario que (lengua fuera y sudor perlado recorriendole la frente) está a punto de conseguir su objetivo: pescar algo por primera vez en su vida.
La tensión se masca en el ambiente, los niños abrazan a sus madres, los abuelos se recolocan las dentaduras postizas y algunos aprovechan el revuelo para meter mano. Todo son sonrisas y exclamaciones de alegria, ya está cerca, ya está cerca, casi, casi...
En ese instante, cual delfín atlántico, un brioso jovenzuelo resurge de las profundidades de la piscina. Su impulso lo eleva espectacularmente dejandole de ombligo para arriba suspendido en el aire mostrando su pecho imberbe. Todas las miradas se posan sobre él que, orgulloso y algo confundido por la cantidad de gente que le observa boquiabierta, sonrie finalmente a la multitud...
... ¡¡ con el 'zurullete' completamente desparramado encima de la cabeza !!
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Se que es una anécdota un 'pelín' escatológica, pero puedo aseguraros que ocurrió en la realidad
Paraban: no estoy seguro que el calificatívo más propicio sea 'estupendos', jejeje...
Saludete.
Pep.