Ya que se está hablando del futuro SHIV que va a tener como escenario la guerra del pacífico, les dejo aquí un fragmento de una noticia vieja pero interesante que encontró mi padre ordenando papeles.
Dos soldados del ejército imperial japonés, que permanecieron durante seis décadas combatiendo contra invisibles soldados norteamericanos desembarcados en las Filipinas, ignorantes del fin de la Segunda Guerra mundial, fueron hallados en las selvas de Mindanao.-
ROBERTO MAGGI
TOKIO, ANSA
La noticia se conoció ayer con la llegada de tres funcionarios de la embajada japonesa en Manila, que arribaron al puerto de General Santos en Mindanao para reunirse con los ancianos e intentar confirmar el increíble hallazgo. Hasta hoy los dos soldados no se dejaron ver.
“Estamos haciendo lo posible para confirmar la identidad de los dos ex soldados”, dijo un funcionario. Si la historia es cierta, ambos ex soldados octogenarios duplicaron el récord de resistencia de un soldado japonés tras la rendición de Japón el 15 de Agosto de 1945, establecido en 1974 por el ex oficial de los servicios de información del ejército imperial, Hiroo Onoda, que apareció en la jungla de la isla de Lubang (Filipinas) fusil en mano.-
En los años 60, “Hell in the Pacific”, una película con Lee Marvin y Toshiro Mifune, relató el sorpresivo encuentro de un piloto norteamericano con un japonés oculto en una isla despoblada del Pacífico, en una confrontación tensa y centímetro a centímetro, ajena al fin del conflicto.-
A l60 años del fin de la guerra, al ministrio de Salud japonés cree que los dos soldados tienen nombre: Yoshio Yamakawa, de 87 años, nacido en Osaka, y Tsuzuki Nakauchi, de 85 años, oriundo de la prefectura de Kochi.
Ambos pertenecían a la 30ª división del ejército imperial nipón, que por orden del emperador Hirohito disputó metro por metro las Filipinas ante el avance de las tropas norteamericanas del general Douglas McArthur.
En Febrero de este año, un japonés que hizo de la búsqueda de sus compañeros desaparecidos en las Filipina el objetivo de su vida, había enviado una petición al ministerio de salud:”Pido al honorable ministro que haga lo posible para repatriar a los tres supervivientes que se ocultan en las selvas de Mindanao” , decía el pedido.
Estaban además los nombres de ambos, más su compañero durante 60 años, también sobreviviente, Reichi Sakurai, de 93 años.
Las búsquedas iniciadas en Febrero dieron resultado, al parecer positivo para los primeros, mientras del tercero no se tienen huellas seguras. “Todavía no podemos decir nada con certeza. Hasta que no encontremos a los dos y no los identifiquemos como verdaderos japoneses que hablan japonés, no se puede excluir nada”.
Extraído del diario Uruguayo “La República” del sábado 28 de Mayo de 2005
aquí dejo un link de la misma noticia
http://www.informativos.telecinco.es/so ... n_5013.htm
Los últimos soldados imperiales
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brucker
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Los últimos soldados imperiales
Brucker
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kummetz1938
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Asunto
...si, esa noticia tubo repercusion mundial... la recuerdo
efectivamente. De eso hace ya mucho tiempo. Una historia casi increíble pero cierta.
Kummetz
efectivamente. De eso hace ya mucho tiempo. Una historia casi increíble pero cierta.
Kummetz

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Si hago una buena obra, me siento bien; y si obro mal, me encuentro mal: Esta es
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Cpt_Morgan
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Hay una peli de Disney que habla sobre el tema..
un bomabero B29 de la guerra dedicado ahora a transporte tiene que llevar algo(no recuerdo que cargamento) a no se que sitio...
pero por descuido de una pasajera se altera el compas y terminan perdidos en el pacifico... se quedan si sopa y tienen que hacer un forzoso (no seais warros que no va por ahi
) con la suerte que justo hay una isla...
y como no, dos soldados japoneses que no han recibido la buena noticia de que la guerra acabó hace muchos años. ya podeis imaginar lo que sigue.
un bomabero B29 de la guerra dedicado ahora a transporte tiene que llevar algo(no recuerdo que cargamento) a no se que sitio...
pero por descuido de una pasajera se altera el compas y terminan perdidos en el pacifico... se quedan si sopa y tienen que hacer un forzoso (no seais warros que no va por ahi
y como no, dos soldados japoneses que no han recibido la buena noticia de que la guerra acabó hace muchos años. ya podeis imaginar lo que sigue.

YES, WE JAAAAARL!!!
La verdad, la historia era ya conocida por mí; pero lo que me acaba de dejar completamente perplejo es el nombre y apellido del primer soldado de su Majestad Imperial:
"Roberto Maggi"
Pueden caber las siguientes interpretaciones:
1.- Un mercenario italiano.
2.- El resultado del cruce de un italiano con una japonesa (lo más probable).
3.- Un enviado del ejército del Duce a lejanas y orientales latitudes.
En serio que me acabo de quedar acojonado.
Arrrrrrrrrrrrggggggggggggghhhhhhhhhhhhh... arg.-
Rectifico, rectifico...
¿Me se oye bien...?
¿Que Roberto Maggi y Tokio, Ansa, son los reporteros?... :jias
Una Funken-metedura-de-pata más... juas.-
No ha pasao nada...
Jooooooooooooodeeeeeeeeeeeeeeeee... El chorreo va a ser sublime... juer.-
"Roberto Maggi"
Pueden caber las siguientes interpretaciones:
1.- Un mercenario italiano.
2.- El resultado del cruce de un italiano con una japonesa (lo más probable).
3.- Un enviado del ejército del Duce a lejanas y orientales latitudes.
En serio que me acabo de quedar acojonado.
Arrrrrrrrrrrrggggggggggggghhhhhhhhhhhhh... arg.-
Rectifico, rectifico...
¿Me se oye bien...?
¿Que Roberto Maggi y Tokio, Ansa, son los reporteros?... :jias
Una Funken-metedura-de-pata más... juas.-
No ha pasao nada...
Jooooooooooooodeeeeeeeeeeeeeeeee... El chorreo va a ser sublime... juer.-
La isla perdida de Guam, en el Pacífico sur, donde Shoichi Yokoi vivió casi 27 años, fue destruida por un tifón. La réplica que tomó el lugar de la porción destruida es tan inhóspita que es difícil imaginar que alguien hubiera sobrevivido en ella. Sin embargo, en enero de 1972, a los 56 años de edad, el sargento Yokoi, del ejército imperial japonés, abandonó para siempre la jungla después de haber sido visto por dos personas y de que los espíritus de sus camaradas muertos lo convencieron para que dejara su escondite.
El oficial fue trasladado a un hospital, donde los doctores lo acomodaron en el aparato de rayos X. Al no reconocer el equipo médico moderno, el sargento dijo a los galenos: "Si quieren matarme, háganlo rápidamente". Los profesionales tranquilizaron al fósil viviente, quien supo adaptarse a las difíciles condiciones de la jungla, vivir de frutas y verduras, de peces y roedores, así como de ranas ricas en proteínas. Cuando su uniforme oficial pasó a mejor vida, Yokoi elaboró sus propias prendas de vestir utilizando cortezas finas de árbol, para lo que resultó de gran ayuda el oficio de sastre que aprendió durante su vida civil.
Shoichi Yokoi regresó a Japón 31 años después de haber salido de aquel país; fue recibido con bombos y platillos, un homenaje que en opinión del sargento era inmerecido. "Yo tenía en mi poder un arma del emperador y debía traerla de regreso", dijo el modesto y apesadumbrado guerrero. Asimismo, ofreció disculpas por no haber cumplido plenamente sus deberes, aduciendo sentir vergüenza "por haber regresado vivo a casa".
Los expertos en traumas de guerra han denominado al sentimiento de Yokoi "la culpa del sobreviviente". De los 22 mil soldados que defendieron Guam, alrededor de 19 mil murieron cuando las tropas estadounidenses conquistaron la isla en 1944, y dos mil sobrevivientes huyeron a la jungla. De estos últimos, la mayoría depuso las armas cuando Japón se rindió en 1945, pero el sargento Yokoi, junto con un puñado de soldados más, no lo hizo, aparentemente por ignorancia de que la guerra había terminado. Otros dos colegas del sargento murieron en 1964, dejando al peculiar gladiador sumido en la soledad de la selva.
Aunque Shoichi Yokoi captó la atención mundial al sobrevivir como una especie de Robinson Crusoe en un hábitat completamente hostil, las generaciones japonesas de la postguerra no comprendieron del todo que un soldado mantuviera una lealtad inquebrantable a su ejército y a su emperador: Hirohito. Entre los japoneses viejos quizá hubo lugar para la nostalgia, no así para una juventud que vio con indiferencia el ascenso, en 1990, de Akihito al trono de crisantemos, luego de que Hirohito, emperador de emperadores, falleciera.
No obstante, para los contemporáneos y colegas de Yokoi su vida giraba en torno al emperador, descendiente directo de la diosa Sol, quien disponía deberes religiosos para ser cumplidos lo mismo en las tareas cotidianas que en el noble arte de la guerra. Y así como los musulmanes rezan inclinándose hacia la Meca, durante el mandato del emperador Hirohito los niños de las escuelas de Japón volteaban en dirección de Tokio antes de tomar asiento. La de Hirohito fue también la época de los pilotos kamikaze, quienes dirigían sus naves cargadas de bombas contra los objetivos enemigos, en verdaderas misiones suicidas. Sólo después de la guerra, cuando los mandos estadounidenses concluyeron que la reverencia popular hacia el emperador podía obrar en su favor, obligaron a que Hirohito renunciara a su categoría divina, redactando así su "Declaración de humanidad", documento que cayó como balde de agua fría en la entereza espiritual del pueblo japonés.
Aunque el sargento Yokoi fue el más famoso de los viejos guerreros que regresaron de la jungla, hubo otros que rechazaron la idea de que Japón pudiera haber sido vencido. Dos años después del regreso de Yokoi, Hiroo Onoda, un teniente, fue descubierto en Filipinas por algunas personas del lugar. Su rifle (contrariamente al de Yokoi) todavía funcionaba, y la fuerza de su compromiso hacia el emperador y su patria era incluso más sólido que el del sargento Yokoi. Sólo cuando su antiguo comandante lo contactó en Filipinas, el teniente Onoda aceptó rendirse.
Pese al tiempo perdido, Yokoi se adaptó increíblemente rápido a la vida japonesa moderna. Nueve meses después de su retorno se casó. Más adelante se convirtió en un activo pacifista, escribió dos libros y trabajó como comentarista de televisión en un programa de tácticas de supervivencia. No obstante, mostraba desacuerdos con el Japón que encontró tras su prolongado regreso. Su país experimentaba un impetuoso crecimiento económico. ¿Qué había sucedido con las cualidades antiguas de elegancia, armonía y simplicidad? "Los cursos de golf ahora se imparten en lo que fueron campos de frijoles", escribió en su momento. Los japoneses deben vivir de manera simple, frugalmente y sin dispendio.
En 1974, Yokoi compitió por un escaño para la Cámara alta del Parlamento japonés. La leyenda de su campaña fue "una perdurable vida crítica". Sus puntos de vista condensaban mucho del puritanismo de los tiempos de guerra: "No coman excesivamente. No gasten mucho. No sean vanos, utilicen su cerebro". Por supuesto, perdió en las elecciones; de manera soterrada, continuaba rindiendo honores a las virtudes de la autarquía.
En sus últimos años se alejó de la vida pública. Compró una granja, donde sembraba vegetales y desencantos por la vida japonesa moderna: "No estoy contento con el actual sistema educativo, con la política, la religión, casi con todo". El 22 de septiembre de 1997 falleció a causa de un ataque cardiaco. Su muerte quizá fue sólo un regreso a la profundidad de una jungla cuyo orden dependía de la naturaleza, no de leyes emanadas de hombres que han olvidado sus vínculos divinos
El oficial fue trasladado a un hospital, donde los doctores lo acomodaron en el aparato de rayos X. Al no reconocer el equipo médico moderno, el sargento dijo a los galenos: "Si quieren matarme, háganlo rápidamente". Los profesionales tranquilizaron al fósil viviente, quien supo adaptarse a las difíciles condiciones de la jungla, vivir de frutas y verduras, de peces y roedores, así como de ranas ricas en proteínas. Cuando su uniforme oficial pasó a mejor vida, Yokoi elaboró sus propias prendas de vestir utilizando cortezas finas de árbol, para lo que resultó de gran ayuda el oficio de sastre que aprendió durante su vida civil.
Shoichi Yokoi regresó a Japón 31 años después de haber salido de aquel país; fue recibido con bombos y platillos, un homenaje que en opinión del sargento era inmerecido. "Yo tenía en mi poder un arma del emperador y debía traerla de regreso", dijo el modesto y apesadumbrado guerrero. Asimismo, ofreció disculpas por no haber cumplido plenamente sus deberes, aduciendo sentir vergüenza "por haber regresado vivo a casa".
Los expertos en traumas de guerra han denominado al sentimiento de Yokoi "la culpa del sobreviviente". De los 22 mil soldados que defendieron Guam, alrededor de 19 mil murieron cuando las tropas estadounidenses conquistaron la isla en 1944, y dos mil sobrevivientes huyeron a la jungla. De estos últimos, la mayoría depuso las armas cuando Japón se rindió en 1945, pero el sargento Yokoi, junto con un puñado de soldados más, no lo hizo, aparentemente por ignorancia de que la guerra había terminado. Otros dos colegas del sargento murieron en 1964, dejando al peculiar gladiador sumido en la soledad de la selva.
Aunque Shoichi Yokoi captó la atención mundial al sobrevivir como una especie de Robinson Crusoe en un hábitat completamente hostil, las generaciones japonesas de la postguerra no comprendieron del todo que un soldado mantuviera una lealtad inquebrantable a su ejército y a su emperador: Hirohito. Entre los japoneses viejos quizá hubo lugar para la nostalgia, no así para una juventud que vio con indiferencia el ascenso, en 1990, de Akihito al trono de crisantemos, luego de que Hirohito, emperador de emperadores, falleciera.
No obstante, para los contemporáneos y colegas de Yokoi su vida giraba en torno al emperador, descendiente directo de la diosa Sol, quien disponía deberes religiosos para ser cumplidos lo mismo en las tareas cotidianas que en el noble arte de la guerra. Y así como los musulmanes rezan inclinándose hacia la Meca, durante el mandato del emperador Hirohito los niños de las escuelas de Japón volteaban en dirección de Tokio antes de tomar asiento. La de Hirohito fue también la época de los pilotos kamikaze, quienes dirigían sus naves cargadas de bombas contra los objetivos enemigos, en verdaderas misiones suicidas. Sólo después de la guerra, cuando los mandos estadounidenses concluyeron que la reverencia popular hacia el emperador podía obrar en su favor, obligaron a que Hirohito renunciara a su categoría divina, redactando así su "Declaración de humanidad", documento que cayó como balde de agua fría en la entereza espiritual del pueblo japonés.
Aunque el sargento Yokoi fue el más famoso de los viejos guerreros que regresaron de la jungla, hubo otros que rechazaron la idea de que Japón pudiera haber sido vencido. Dos años después del regreso de Yokoi, Hiroo Onoda, un teniente, fue descubierto en Filipinas por algunas personas del lugar. Su rifle (contrariamente al de Yokoi) todavía funcionaba, y la fuerza de su compromiso hacia el emperador y su patria era incluso más sólido que el del sargento Yokoi. Sólo cuando su antiguo comandante lo contactó en Filipinas, el teniente Onoda aceptó rendirse.
Pese al tiempo perdido, Yokoi se adaptó increíblemente rápido a la vida japonesa moderna. Nueve meses después de su retorno se casó. Más adelante se convirtió en un activo pacifista, escribió dos libros y trabajó como comentarista de televisión en un programa de tácticas de supervivencia. No obstante, mostraba desacuerdos con el Japón que encontró tras su prolongado regreso. Su país experimentaba un impetuoso crecimiento económico. ¿Qué había sucedido con las cualidades antiguas de elegancia, armonía y simplicidad? "Los cursos de golf ahora se imparten en lo que fueron campos de frijoles", escribió en su momento. Los japoneses deben vivir de manera simple, frugalmente y sin dispendio.
En 1974, Yokoi compitió por un escaño para la Cámara alta del Parlamento japonés. La leyenda de su campaña fue "una perdurable vida crítica". Sus puntos de vista condensaban mucho del puritanismo de los tiempos de guerra: "No coman excesivamente. No gasten mucho. No sean vanos, utilicen su cerebro". Por supuesto, perdió en las elecciones; de manera soterrada, continuaba rindiendo honores a las virtudes de la autarquía.
En sus últimos años se alejó de la vida pública. Compró una granja, donde sembraba vegetales y desencantos por la vida japonesa moderna: "No estoy contento con el actual sistema educativo, con la política, la religión, casi con todo". El 22 de septiembre de 1997 falleció a causa de un ataque cardiaco. Su muerte quizá fue sólo un regreso a la profundidad de una jungla cuyo orden dependía de la naturaleza, no de leyes emanadas de hombres que han olvidado sus vínculos divinos
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kummetz1938
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Asunto
Hubo más de un japonés que temblaba con la idea de regresar vivo a casa y de ser más que abucheado por sus familiares, ante tal "deshonra" de no haber luchado hasta la muerte, según les dictaba su código Bushido.
Menos mal que nosotros no hemos tenido estos quebraderos de cabeza.
Kummetz

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patadepalo
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