A la mesa de inscripiciones llega un sevillano canijo... Tan canijo que la medalla de la Esperanza de Triana que llevaba colgada del cuello le sobresalía por todas partes.
- ¿Qué desea?
- Pueh venía a apuntamme al concurzo ezte.
- Oiga, que aquí la competencia es fuerte... Esto es un concurso para aizkolaris de prestigio...
- No paza ná, yo zoy del loh buenoh.
(Los dos vascos de la mesa comentan entre ellos)
- oyes, Patxi, ¿Qué hacemos con el tipo este? seguro que le damos un hacha y se cae p'atrás, pues.
- Mira, Mikel, nosotros lo dejamos entrar... Que luego no digan que somos elitistas.
(Se dirigen al Sevillano)
- Pues oiga: admitido está. Pase usted y coja un hacha.
(Dos horas después, el concurso ha finalizado. El sevillano canijo lo ha ganado de calle y le ha sacado 4 troncos de ventaja al segundo clasificado)
Todo el mundo se arremolina alrededor del sevillano y preguntan:
- ¿Oiga? ¿Dónde aprendió usted a cortar troncos de esa manera?
- En el Sahara
- ¡Pero si en el Sahara no hay árboles!
- Ahora no.
Por si no lo habíais notado: Eso era el chiste
Un abrazo












