El disparo era exacto y reproducía la velocidad real con la que el ave alcanzaría el avión en pleno vuelo. Teóricamente, si el parabrisas resistía la prueba de impacto, entonces ciertamente podría soportar también la colisión con un pájaro en un vuelo real.
En la practica el dispositivo realizo cientos de pruebas en los EE.UU. demostrando una confiabilidad cuasi absoluta.
Ingenieros aeronáuticos del ejercito del aire español, que estaban realizando pruebas de control, con el entonces recién adquirido F/A-18 se interesaron por el cañón de pollos, pensando en aplicar la idea en los aviones del EA, empezando por el nuevo F/A-18. A través de los acuerdos de cooperación hispano-estadounidenses y en el marco de la OTAN, se obtuvo un cañón, y se procedió a efectuar las correspondientes pruebas en la Base Aérea de Torrejón.
En el primer disparo, el pollo reventó la cúpula frontal, quebró el copick esparciendo instrumentación por toda la cabina, atravesó el asiento y se incrusto en el compresor primario de la turbina de babor, hiriendo por el camino a dos mecánicos.
No hace falta decir que los ingenieros del EA quedaron completamente perplejos por el sorprendente, a la par que violento resultado.
Documentaron la prueba en detalle, produjeron un video y tomaron numerosas fotografías, asimismo aportaron todos los datos telemétricos y declaraciones grabadas de todos los testigos.
Seguidamente enviaron toda la información a la US-FAA, preguntando qué era lo que podían haber hecho mal.
Los técnicos americanos tras estudiar concienzuda y detenidamente toda la documentación aportada enviaron la respuesta. Esta era tan escueta como contundente:
DESCONGELEN EL POLLO.
Saludos.











