No hacer caso
Érase una vez un hombre que no podia evitar que lo influyeran los juicios y las opiniones de los demás.Intentaba ignorar los comentarios que oía en retazos de charlas de café, desechar las palabras al aire de aquella pareja con la qu se había cruzado fugazmente por el paseo o los veredictos de los tertulianos de los programas matinales de la radio. Incluso los consejos que le daban sus amigos y familiares se convertían en órdenes para él.
No podía explicar bajo que mecanismo hacía suyas las ideas que escuchaba.
Hastiado de tal falta de personalidad, de tan desmesurada dependencia intelectual, resolvió ponerse dos tapones en los oidos y no quitárselos nunca, siquiera para dormir.
Cuando al cabo de tres semanas le preguntaron quien le había adiestrado en tal disciplina, no supo dar una explicación plausible del poco tiempo que le llevó aprender a leer de los labios.
(De
relatos absurdos)


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Si hago una buena obra, me siento bien; y si obro mal, me encuentro mal: Esta es
mi religión.
(A.Lincoln)...¡Vivir y dejar vivir: Esta es mi política!