Bueno pues ayer la vi y me gusto mucho el viejo Clint se ha vuelto a superar, verla en V.O subtitulada no se me hizo nada pesado.
No os la perdais
Letters from Iwo Jima
Moderador: MODERACION
-
Cpt_Morgan
- Kommodore

- Mensajes: 9390
- Registrado: 31 Ene 2000 01:00
- Ubicación: 37º58'47''N-1º03'00''W
- Contactar:
-
kummetz1938
- Korvettenkapitän

- Mensajes: 7765
- Registrado: 18 Jun 2006 02:00
- Ubicación: Palma de Mallorca
Hablando de cine
Por Christian Ramírez
Es interesante ver cómo se han ido desgranando las opiniones y las posturas acerca del díptico de Iwo Jima, preparado con tanta ambición por Clint Eastwood y el guionista Paul Haggis. Que una es mejor que la otra, que la cinta estadounidense está fallida, que la japonesa es “más oscarizable”, que no hay suficientes secuencias de batalla memorables, que todo tiene un aroma a Spielberg, que en estos tiempos de guerra no hay espacios para abrazar historias de este tipo.
Entre las muchas cosas mencionadas a propósito del conflicto están las que el propio realizador ha enfatizado una y otra vez: este es un proyecto que creció de tamaño por un asunto de compromiso artístico y que probablemente la mejor manera de apreciarlo sea viendo las dos películas juntas, como dos caras de una misma cosa. Habría que agregar algo más: si no se tratase de una producción de Clint Eastwood y de Steven Spielberg, lo más probable es que todo hubiera quedado en una suerte de secuela de Rescatando al Soldado Ryan. Lo que por suerte no es.
Por más que se la publicite como tal, La conquista del honor no es una película de guerra. Más bien es sobre la naturaleza del heroísmo. O sobre el negocio de fabricar héroes. Y el talante que se necesita para desempeñar ese papel. Eastwood la dirigió sin apelar a significados ocultos, dejando bien clarito que éste era su intento por caminar en la senda que John Ford pavimentó con El hombre que mato a Liberty Valance, pero sin evocar pasados mejores, ni emociones largo tiempo contenidas. La operación tiene sus costos: Flags of our fathers es un filme sin clímax que apeste a Oscar, un relato despojado de adjetivos, algo que no tiene significados ocultos, una moraleja bastante amarga, en especial cuando se la lee en términos contemporáneos y no historicistas.
Cartas desde Iwo Jima, resulta un filme menor en comparación. Posee toda la calidez, emoción y línea narrativa que le falta a La conquista. Puede que esté hablada en japonés, pero en materia de sensibilidad es un filme muy gringo. Está, de hecho, facturada, con moral para haber sido nominada a todos los Oscar por los que se candidatea sino a más. El eco más bello, de los muchos que transmite, es el estar ligada ya no al mundo de Ford sino al de Jean Renoir. Los dos personajes más importantes de la trama, el general Kuribayashi y el barón Nishi recuerdan manifiestamente al galano y aristocrático Capitán de Boeldieu, de La gran ilusión: gente que opera de acuerdo a los antiguos códigos de lealtad, en una época en que la guerra poseía códigos y convenciones.
De ese mismo modo, se podría decir que Cartas pertenece al cine del pasado –o a lo que Eastwood entiende como tal- mientras que Flags opera en torno a las ambiguas variantes que han ido poblando su trabajo en lo que va de la década, y que lo han mantenido ligado al estudio de la crueldad, el poder y las cuotas de maldad que solemos tolerar dentro de nosotros mismos y también fuera, en el mundo, para que las cosas sigan funcionando. Eso era evidente en la fallida (pero cada vez mejor y más devastadora) Río místico y es también evidente en los trabajos actuales, por eso mismo resulta extraño que quienes hayan celebrado la primera, no estén tan interesados en las últimas. Misterio.
Por ahí dicen que la verdad que uno está dispuesto a aceptar, creer y defender radica en el ojo de quien mira. Aunque Eastwood, a juzgar por las lecciones que emanan de su díptico, es de los que cree que siempre hay verdades más evidentes que otras. Al menos en eso, estoy con él.
Supongo que será de interés para los que han visto ya las películas o para los que esperan verlas (yo soy una de ellas)
Saludos
Es interesante ver cómo se han ido desgranando las opiniones y las posturas acerca del díptico de Iwo Jima, preparado con tanta ambición por Clint Eastwood y el guionista Paul Haggis. Que una es mejor que la otra, que la cinta estadounidense está fallida, que la japonesa es “más oscarizable”, que no hay suficientes secuencias de batalla memorables, que todo tiene un aroma a Spielberg, que en estos tiempos de guerra no hay espacios para abrazar historias de este tipo.
Entre las muchas cosas mencionadas a propósito del conflicto están las que el propio realizador ha enfatizado una y otra vez: este es un proyecto que creció de tamaño por un asunto de compromiso artístico y que probablemente la mejor manera de apreciarlo sea viendo las dos películas juntas, como dos caras de una misma cosa. Habría que agregar algo más: si no se tratase de una producción de Clint Eastwood y de Steven Spielberg, lo más probable es que todo hubiera quedado en una suerte de secuela de Rescatando al Soldado Ryan. Lo que por suerte no es.
Por más que se la publicite como tal, La conquista del honor no es una película de guerra. Más bien es sobre la naturaleza del heroísmo. O sobre el negocio de fabricar héroes. Y el talante que se necesita para desempeñar ese papel. Eastwood la dirigió sin apelar a significados ocultos, dejando bien clarito que éste era su intento por caminar en la senda que John Ford pavimentó con El hombre que mato a Liberty Valance, pero sin evocar pasados mejores, ni emociones largo tiempo contenidas. La operación tiene sus costos: Flags of our fathers es un filme sin clímax que apeste a Oscar, un relato despojado de adjetivos, algo que no tiene significados ocultos, una moraleja bastante amarga, en especial cuando se la lee en términos contemporáneos y no historicistas.
Cartas desde Iwo Jima, resulta un filme menor en comparación. Posee toda la calidez, emoción y línea narrativa que le falta a La conquista. Puede que esté hablada en japonés, pero en materia de sensibilidad es un filme muy gringo. Está, de hecho, facturada, con moral para haber sido nominada a todos los Oscar por los que se candidatea sino a más. El eco más bello, de los muchos que transmite, es el estar ligada ya no al mundo de Ford sino al de Jean Renoir. Los dos personajes más importantes de la trama, el general Kuribayashi y el barón Nishi recuerdan manifiestamente al galano y aristocrático Capitán de Boeldieu, de La gran ilusión: gente que opera de acuerdo a los antiguos códigos de lealtad, en una época en que la guerra poseía códigos y convenciones.
De ese mismo modo, se podría decir que Cartas pertenece al cine del pasado –o a lo que Eastwood entiende como tal- mientras que Flags opera en torno a las ambiguas variantes que han ido poblando su trabajo en lo que va de la década, y que lo han mantenido ligado al estudio de la crueldad, el poder y las cuotas de maldad que solemos tolerar dentro de nosotros mismos y también fuera, en el mundo, para que las cosas sigan funcionando. Eso era evidente en la fallida (pero cada vez mejor y más devastadora) Río místico y es también evidente en los trabajos actuales, por eso mismo resulta extraño que quienes hayan celebrado la primera, no estén tan interesados en las últimas. Misterio.
Por ahí dicen que la verdad que uno está dispuesto a aceptar, creer y defender radica en el ojo de quien mira. Aunque Eastwood, a juzgar por las lecciones que emanan de su díptico, es de los que cree que siempre hay verdades más evidentes que otras. Al menos en eso, estoy con él.
Supongo que será de interés para los que han visto ya las películas o para los que esperan verlas (yo soy una de ellas)
Saludos

________________________________________________________________
Si hago una buena obra, me siento bien; y si obro mal, me encuentro mal: Esta es
mi religión. (A.Lincoln)...¡Vivir y dejar vivir: Esta es mi política!


