El médico gerente de la unidad de emergencias ve salir despavorida a una mujer de un consultorio privado dentro del mismo hospital.
Al preguntarle a la mujer qué es lo que le pasa, poco a poco la cara del doctor va subiendo de color hasta casi quedar morada del coraje.
Un poco dueño de sí, calma a la mujer diciendo que en ese mismo instante hablará con el doctor que ocacionó todo el embrollo.
Así que el médico gerente entra al consultorio del doctor Pérez.
Oígame Pérez, ¿que cree que está Ud. haciendo? ¿qué Ud. no piensa?
La mujer que acaba de salir, ya es abuela.
Tiene 42 nietos, una mujer pilar de nuestra sociedad.
Juega canasta con mi madre y sus hijos fueron compañeros míos de Universidad.
Esa señora, va todos los días a misa de 7:00 am.
Y Ud. viene a socavar toda su reputación, diciendole que ella está embarazada!
A lo que el doctor Pérez responde: ¡Pero se le quitó el hipo! ¿No?
Chiste
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Mix-martes86
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Cpt_Morgan
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Bill Bones
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Esto es un granjero que va al cine con su pollo y le dicen: "No, Ud. no pude entrar con ese pollo!" "Pero si Jacinto va conmigo a todas partes! ¡Déjemelo pasar!" "Que no, que con el pollo no entra".
Así que el granjero agarra el pollo, se lo mete en los pantalones, compra la entrada y se sienta a ver la película. Entonces se abre la bragueta para que el pollo pueda sacar la cabeza y tomar aire. En esto que al lado del granjero hay dos señoras mayores, y una le dice a la otra: "Mira, me parece que el tipo este es un pervertido". "¿Por qué?" "Pues porque creo que acaba de sacarse la cosa fuera..." "Ay, mujer, no es para tanto. A nuestra edad, ya hemos toda clase de cosas...". "Ya, ¡¡pero es que esta se me está comiendo las palomitas!!"

Así que el granjero agarra el pollo, se lo mete en los pantalones, compra la entrada y se sienta a ver la película. Entonces se abre la bragueta para que el pollo pueda sacar la cabeza y tomar aire. En esto que al lado del granjero hay dos señoras mayores, y una le dice a la otra: "Mira, me parece que el tipo este es un pervertido". "¿Por qué?" "Pues porque creo que acaba de sacarse la cosa fuera..." "Ay, mujer, no es para tanto. A nuestra edad, ya hemos toda clase de cosas...". "Ya, ¡¡pero es que esta se me está comiendo las palomitas!!"
«Al encargado del Departamento de Atención al Cliente (O como se denomine en su empresa):
Como ya habrá podido observar, debido a la diferencia de volumen, color, y textura en comparación con el papel donde está escrita esta carta, le adjunto un envase de preservativo de la marca propiedad de su empresa. Si se fija detenidamente se dará cuenta de que en su interior no se encuentra profiláctico alguno.
Este detalle no tendría por qué tener la más mínima
importancia por sí mismo, pero concurre una circunstancia que lo
diferencia de las demás fundas de preservativos vacías. La que usted tiene
en estos momentos en sus manos (o encima de su mesa) nunca ha sido abierta
por dedos humanos (ni de ningún otro mamífero). Creo notar en su rostro
cierta sonrisa de solicitud de comprensión (.. ha sido un fallo de
envasado… Es muy raro que algo así suceda…). Lo que sí que es un
suceso absolutamente inhabitual es que yo ligue. Por desgracia las hembras
de mi especie (mujeres, chicas, etc.) no acaban de apreciar lo que para mí
es un irresistible atractivo (el mío) por lo que el lograr unas relaciones
sexuales plenas y satisfactorias con alguna de ellas, se convierte en mi
caso en una gesta absolutamente homérica.
Leído el párrafo anterior le supongo capaz de suponer mi expresión de
absoluta incredulidad matizada por algo de estupefacción al comprobar el
pasado sábado como a mi lado, en la cama, reposaba, no sólo mi cojín
favorito, sino también una hermosa mujer (escribo hermosa aprovechándome
de que usted jamás podrá comprobarlo). Basándome en su desnudez y en el
hecho de que tuviera su mano apoyada en mi pene, deduje que su principal
intención era hacer el amor conmigo.
Aconsejado por la prudencia y la higiene decidí hacer uso de un
preservativo… del único preservativo que había en casa, dejado por
olvido por un amigo más afortunado que yo en sus relaciones con las
mujeres. Cuál no sería mi sorpresa (cabreo, enfado, desesperación, odio a
la raza humana en general y a los fabricantes de condones en particular)
al comprobar esta nueva mala jugada del Destino en forma de preservativo
inexistente… La funda estaba vacía. La mala suerte boicoteaba el que
podía haber sido mi primer coito del año (y fíjese en qué fechas estamos ya).
No me parece oportuno aburrirle contando las argucias a las que tuve que
recurrir para convencer a mi ocasional compañera de lo saludable de una
fellatio, pero sí considero necesario el hacerle saber el gran trastorno que
me supuso su fallo de envasado para que tome las medidas disciplinarias
(amputación de la mano derecha, doscientos latigazos, etc.) que considere
oportunas con el responsable de semejante desatino, así como las medidas
compensatorias con la víctima (léase yo, mismamente) de su error. Me despido
sin más deseándole de todo corazón que nunca tenga usted que vivir una
noche tan desastrosa como la que la no presencia de un producto de su empresa me
produjo a mí.»
La respuesta consistió en una carta personal muy amable y un paquete que
contenía veinticuatro cajas de condones de doce unidades cada una: 288
condones, en total.
Buen fin de semana
Como ya habrá podido observar, debido a la diferencia de volumen, color, y textura en comparación con el papel donde está escrita esta carta, le adjunto un envase de preservativo de la marca propiedad de su empresa. Si se fija detenidamente se dará cuenta de que en su interior no se encuentra profiláctico alguno.
Este detalle no tendría por qué tener la más mínima
importancia por sí mismo, pero concurre una circunstancia que lo
diferencia de las demás fundas de preservativos vacías. La que usted tiene
en estos momentos en sus manos (o encima de su mesa) nunca ha sido abierta
por dedos humanos (ni de ningún otro mamífero). Creo notar en su rostro
cierta sonrisa de solicitud de comprensión (.. ha sido un fallo de
envasado… Es muy raro que algo así suceda…). Lo que sí que es un
suceso absolutamente inhabitual es que yo ligue. Por desgracia las hembras
de mi especie (mujeres, chicas, etc.) no acaban de apreciar lo que para mí
es un irresistible atractivo (el mío) por lo que el lograr unas relaciones
sexuales plenas y satisfactorias con alguna de ellas, se convierte en mi
caso en una gesta absolutamente homérica.
Leído el párrafo anterior le supongo capaz de suponer mi expresión de
absoluta incredulidad matizada por algo de estupefacción al comprobar el
pasado sábado como a mi lado, en la cama, reposaba, no sólo mi cojín
favorito, sino también una hermosa mujer (escribo hermosa aprovechándome
de que usted jamás podrá comprobarlo). Basándome en su desnudez y en el
hecho de que tuviera su mano apoyada en mi pene, deduje que su principal
intención era hacer el amor conmigo.
Aconsejado por la prudencia y la higiene decidí hacer uso de un
preservativo… del único preservativo que había en casa, dejado por
olvido por un amigo más afortunado que yo en sus relaciones con las
mujeres. Cuál no sería mi sorpresa (cabreo, enfado, desesperación, odio a
la raza humana en general y a los fabricantes de condones en particular)
al comprobar esta nueva mala jugada del Destino en forma de preservativo
inexistente… La funda estaba vacía. La mala suerte boicoteaba el que
podía haber sido mi primer coito del año (y fíjese en qué fechas estamos ya).
No me parece oportuno aburrirle contando las argucias a las que tuve que
recurrir para convencer a mi ocasional compañera de lo saludable de una
fellatio, pero sí considero necesario el hacerle saber el gran trastorno que
me supuso su fallo de envasado para que tome las medidas disciplinarias
(amputación de la mano derecha, doscientos latigazos, etc.) que considere
oportunas con el responsable de semejante desatino, así como las medidas
compensatorias con la víctima (léase yo, mismamente) de su error. Me despido
sin más deseándole de todo corazón que nunca tenga usted que vivir una
noche tan desastrosa como la que la no presencia de un producto de su empresa me
produjo a mí.»
La respuesta consistió en una carta personal muy amable y un paquete que
contenía veinticuatro cajas de condones de doce unidades cada una: 288
condones, en total.
Buen fin de semana














