Funken: a estudiar
Desde los tiempos más remotos fueron costumbre en todos los países civilizados las penas disciplinarias. En América los castigos fueron introducidos por los conquistadores, españoles, ingleses, lusitanos, franceses. En 1730, el Párroco de la Iglesia Matriz y primer Maestro de escuela de Montevideo, aplicaba los castigos con más o menos moderación.(1730 - 1768).
Luego lo aplicaron los jesuitas y después los franciscanos. Cuando no tenían palmeta la reemplazaban con una vara de membrillo o un rebenque. En 1808, el Cabildo de Montevideo prohibió el uso de la palmeta y no se podía exceder de seis azotes que se usarían en su remplazo. En este período que aún dominaba España, en la Cortes de Cádiz se hace la prohibición total de los castigos, aún de los azotes, y esto se hacía extensivo a los indígenas. En el tiempo de la dominación luso - brasilera los castigos afrentosos disminuyeron e influyeron en la escuela Lancasteriana. Pero hacia el año 1831 los castigos vuelven a recrudecer. Los padres de alumnos se quejan desde las columnas de la prensa, y los Pedagogos decían que sólo se usaban en caso de alumnos incorregibles. Como no se abolía el uso de la palmeta ésta se continuó usando.
Las palmetas eran de madera dura y pesada y algunas eran de cuero doble de vaca. Estas últimas eran más flexibles y daban más resultado que las de madera. Todas estaban en su parte más ancha llenas de agujeritos que levantaban ampollas en la carne golpeada. Las había chicas, de unos 20 cms. pero otras eran de 30, 40, y aún de 50 cms. Además de la palmeta se hacía uso de la
"disciplina", instrumento hecho de tiras de cuero, llamadas ramales en forma de manojo y sujetas en uno de sus extremos a un pedazo de madera de una cuarta de largo, que servía de mango. Algunas disciplinas no eran de cuero sino de fina cuerda de cáñamo y algunas tenían nudos en las puntas. Las aplicaban en diferentes partes del cuerpo del alumno, pero preferían las piernas y las nalgas. Se cargaba a la víctima a la espalda de otro alumno más fuerte y de más edad y con sus carnes descubiertas, generalmente las nalgas recibía los palmetazos o disciplinazos. La palmeta y la disciplina solían ser sustituidas por la regla, aplicada en la palma de la mano, o los nudillos o en el filo de las uñas que era donde más dolía. El niño debía poner su mano cerrada enfrentando los dedos juntos hacia el Maestro quien de esa manera hacía el castigo. Algunos Maestros llevados por su ira lograban aplicar un
pizarronazo o punterazo y hasta puntapiés y pellizcos.
Pero los Maestros de buena imaginación aplicaban castigos de su inventiva como ser el hincarse con las
rodillas desnudas sobre granos de maíz, o estar de pie con los brazos cruzados y con un gran buche de agua en la boca con prohibición de tragarlo o expulsarlo, también le colocaban una regla que hacía el oficio de mordaza. Otro castigo era que con los brazos en cruz y un sombrero que tenía
orejas de burro se le ponía en una esquina de la calle para mofa de todos los transeúntes. Estos métodos sólo provocaban la falta de respeto hacia el Maestro y también que los alumnos se hicieran la rabona.
Las niñas estaban sometidas a iguales castigos.
Pellizcos, tirones de las trenzas o del moño, pinchazos con aguja o alfiler, cañazos en la cabeza, encerradas en el "
cuarto oscuro" del que las sacaban a veces aterrorizadas o casi enloquecidas. Por falta de pieza para este cuarto especial se usaba el excusado.

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