(mas trece lanchas, rápidas, torpederas y dragaminas)

Desarrollo de la conferencia:
El comandante en jefe de la Armada abrió las deliberaciones con estas palabras más o menos:
«Bajo el fuerte impacto del concepto expresado por el Führer, en el sentido de que la Flota alemana debe defender a todo trance la costa y los puertos noruegos y movilizar íntegramente sus fuerzas para el desempeño de tal misión, los organismos competentes examinaron ya el problema relacionado con la marcha del Grupo Brest a través del Canal.
»Así, pues, el examen ha dado fin con un dictamen positivo de todos los interesados. Si bien no me creo llamado a proponer una operación de salida sobre la base de ese examen, debo hacer constar que los planes tácticos están ya a punto para su aplicación inmediata caso de que tenga éxito la salida a través del Canal.
"Usted me ha hecho saber, mein Führer, que tiene el firme propósito de que los buques pesados retornen a la patria; por consiguiente, propongo que el vicealmirante Ciliax exponga detalladamente los preparativos para la salida, junto a las especificaciones complementarias del comodoro Ruge sobre los dispositivos de seguridad, dragado de minas, etc., para que usted, mein Führer, pueda tomar una decisión definitiva.»
Tras ese preámbulo el Führer desarrolló el tema del modo siguiente:
Ante todo, la Escuadra ejerce en Brest el valioso cometido de atraer y retener a las Fuerzas Aéreas enemigas, con lo cual se las distrae de sus ataques contra el territorio nacional alemán. Ese cometido es sólo eficaz mientras los buques se mantengan incólumes, de modo que el adversario se crea obligado a atacar sin pausa. La retención de fuerzas navales fuera de Brest sólo puede alcanzar su máxima efectividad si se sitúa a los buques en aguas de Noruega. Caso de que el Führer viera la posibilidad de que los buques se mantuvieran intactos durante 4 ó 5 meses para, luego, hacerlos operar en el Atlántico si se produjera un cambio
en la situación enemiga, antepondría sin género de duda la permanencia en Brest a toda otra consideración. Pero, como el Führer juzga imposible tal hipótesis, quiere que los buques se alejen de Brest con objeto de no exponerlos por más tiempo a un golpe adverso de la fortuna.
Además, los partes recibidos últimamente, así como el creciente endurecimiento de la actitud sueca,hacen temer al Führer una gran acción concertada de Noruega y Rusia en el espacio noruego. Opina que un potente grupo de combate formado por
acorazados y cruceros —toda la Flota alemana en definitiva—, apoyado por la Luftwaffe, puede contribuir de forma decisiva al afianzamiento del espacio noruego. De ahí su interés en desplazar a toda costa hacia esa región el grueso de la Fuerzas Navales alemanas.
Concluida esa exposición básica del Führer, el jefe del Estado Mayor de la Armada informa sobre los preparativos y planes de ejecución en función de ciertas indispensables medidas preventivas. Su informe se funda concretamente en los siguientes puntos:
a) Especificación de los requisitos mínimos para el movimiento de los buques antes de la operación.
El Führer aprueba las medidas expuestas por el jefe del Estado Mayor de la Armada.
b) Especificación de una necesidad fundamental: zarpar de Brest en plena oscuridad (factor sorpresa) y atravesar el estrecho de Dover a la luz del día (máximo aprovechamiento de los medios defensivos propios). También esto lo aprueba el Führer, quien subraya especialmente la necesidad de levar anclas apenas oscurezca para aprovechar el factor sorpresa.
c) Se recalca particularmente la necesidad de suministrar una fuerte escolta de cazas y destructores desde el comienzo del crepúsculo vespertino hasta el fin del alba en el día de la salida definitiva. El jefe del Alto Mando de la Armada solicita que esas fuerzas de acompañamiento permanente estén integradas como mínimo por 10 aviones de escolta a baja altura y otros 10 a gran altitud, más un fuerte contingente de cazas en estado permanente de alerta.

El Führer reconoce que para ese cometido la intervención del Arma Aérea es de decisiva importancia. El general Jeschonnek no cree poder prestar a los buques una protección permanente y segura con los 250 cazas disponibles, cuyo refuerzo,
según hace constar, es impracticable. Sin embargo, promete agregar a la escolta de cazas, durante el crepúsculo, varios aparatos de bombardeo en picado pertenecientes a las bases regulares de caza nocturna.
Hacia la terminación de la conferencia, el jefe del Estado Mayor de la Armada pide al Führer su opinión sobre la posibilidad de seguir una ruta Norte.
A lo cual responde éste, recalcando las palabras, que las rutas que emprende la Marina le son indiferentes, pues lo que únicamente le interesa es tener los buques en la región noruega.
A esto sigue un debate entre los jefes de Estado Mayor de la Armada y de la Aviación, quienes concluyen que la situación táctica actual no permite aprovechar a pleno rendimiento la capacidad estratégica de las fuerzas desde Brest, y que se debe descartar la mencionada ruta en vista de la reciente incorporación de nuevas unidades en el campo enemigo (2 ó 3 acorazados y 2 portaaviones a la Flota metropolitana) y de la falta de apoyo consistente por parte de la Aviación alemana.
Acto seguido, el comodoro Ruge informa sobre cuestiones de seguridad, y, refiriéndose a los campos de minas, hace observar que aunque no se puede dar un cien por cien de garantías contra las minas en zonas de aguas profundas, existe una seguridad relativa.
A continuación, el Führer subraya una vez más que la operación proyectada cae por entero en el campo de las que han de mantenerse secretas. Considera seguidamente diversos medios para burlar al enemigo, pero retira todo lo dicho ante las objeciones del jefe del Estado Mayor de la Armada y del jefe de Estrategia Naval, quienes opinan que esas medidas harían cundir aún más la alarma en el enemigo, haciendo peligrar ya en el primer momento la salida desde Brest, aumentando el riesgo de proporcionar involuntariamente información al adversario.
El Führer recapitula de nuevo:
a) Es imposible zarpar de día a causa del indispensable factor sorpresa.
b) Por consiguiente, se ha de atravesar forzosamente el estrecho de Dover a la luz del día.
c) Fundándose en sus anteriores experiencias, el Führer estima que los ingleses son incapaces de actuar con una rapidez fulminante. Cree, por tanto, que el desplazamiento de cazas y aviones de combate hacia el sudeste de Inglaterra para
el ataque contra los buques propios en el estrecho de Dover, no será tan vertiginoso como suponen los jefes de Estado Mayor de la Armada y de la Aviación.
En apoyo de su punto de vista, el Führer plantea una situación similar con las posiciones invertidas, es decir, el caso de un parte inesperado informando del despliegue de acorazados ingleses en la desembocadura del Támesis rumbo al estrecho de Dover. Si se diese ese supuesto, nosotros tampoco podríamos destacar Fuerzas Aéreas de caza y combate con la rapidez y el orden requeridos. Compara el estado del Grupo Brest con el de un enfermo canceroso; si no hay intervención quirúrgica el paciente puede darse por muerto, mientras que una operación, aun cuando se «haya de cortar por lo sano», ofrece ciertas perspectivas de salvación. Por eso se ha de operar y emprender la marcha a través del Canal.
También se analiza brevemente la posibilidad de distraer a las Fuerzas Aéreas inglesas mediante algunas maniobras de diversión, como por ejemplo la posible operación del Tirpitz y su fondeo en Trondjem.
El coronel Galland expone seguidamente su opinión sobre la táctica de combate que en esta ocasión debería emplear la Luftwaffe. En oposición al criterio del general Jeschonnek, hace resaltar la necesidad de una táctica ofensiva, es decir, ataques en cadena con aparatos de caza y bombardeo contra las bases navales inglesas de la costa oriental.
A juicio del coronel Galland, la situación presenta grandes dificultades con respecto al empleo de aviones torpederos, sobre todo si se tiene en cuenta la densa barrera de «Spitfire».
Para terminar, el comandante en jefe de la Armada insiste de nuevo en que la intervención de la Aviación propia influirá de forma decisiva en el resultado de la empresa, y recurre una vez más al Führer para que ordene a la Luftwaffe el empleo exhaustivo de sus medios.
El Führer transmite esa orden al general Jeschonnek, pero éste hace constar que no puede garantizar un apoyo absoluto por falta de refuerzos.
El comandante en jefe de la Armada pregunta entonces cómo se debe proceder si se diera el caso de que uno o más buques no puedan participar en la fecha prevista debido a dificultades técnicas de navegación y señalización.
Se decide que ambos acorazados realicen la operación sean cuales fueren las circunstancias, incluso sin el crucero, o bien un acorazado y el crucero, pero en ningún caso el Prinz Eugen solo.
Por último, el jefe del Alto Estado Mayor del Aire plantea la cuestión del Tirpitz, y el Führer resuelve que se proceda inmediatamente al desplazamiento de este buque.
El Führer pone fin al debate ordenando que se ponga en marcha la operación de la forma propuesta por el comandante en jefe de la Armada.

Saludos




















