VALOR...(se supone)

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Nazarius
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VALOR...(se supone)

El Valor ...se supone; era lo que se anotaba en las antiguas Cartillas Militares, cuando a uno se le Licenciaba.. vamos .. que estaba uno "lili", que terminó la mili.. para enterarnos.

Bien os dejo esta reseña de la Hoja de Servicio de mi tio bisabuelo, que al fin y al cabo termino subiendose en el buque enemigo Oregon.
"En Filipinas" 1898.
1898 En igual situación, causando alta en este Cuadro eventual de Reemplazo, en la revista de Enero. Según relación aprobada por el Excmo. Sr Capitán Gral. de este Distrito con fecha 14 de Julio se le concede el uso de la Medalla creada para el Ejercito de Filipinas como comprendido en el R.D. de 26 de Enero. Continuo en la plaza de Manila prestando el servicio de guarnición hasta el 22 de Abril que al romperse las hostilidades con los Estados Unidos de América, fue destinado por el Excmo. Sr. Capitán Gral. a San Fernando de la Pampanga, a las ordenes del Excmo. Sr. Comandante Gral. del Centro de Luzon. Por orden de esta Autoridad marcho el día 23 del mismo mes a San Fernando de la Unión, con el fin de organizar la Compañía de Voluntarios movilizados de dicha provincia, a donde llego el día 25 y procedió con la urgencia que las circunstancias exigían a la organización referida, la que quedo terminada el día 30. El día 2 de Mayo y por disposición del Excmo. Sr. Comandante Gral. del Centro, se le confirió el nombramiento de Jefe Militar de dicha provincia, quedando a sus ordenes, además de la Compañía de Voluntarios un destacamento de cuarenta hombres mandados por un oficial del Batallón Cazadores nº 2 y una Sección de la Guardia Civil del 21º Tercio. Con esta fuerza y una sección de la Compañía a su mando emprendió las operaciones contra la insurrección por toda la provincia, teniendo ocasión de batirla en multitud de encuentros, entre ellos el habido en Santo Tomas el día 12 de Mayo, haciéndoles considerables bajas y castigando los asesinatos del padre Fray Mariano García, del Comandante de Milicias D. Enrique Sete, de su hijo, del Interventor de Hacienda de la provincia y el de la madre del 1er Teniente de la Guardia Civil Sr. Goyemchea acaecidas al desembarcar en la playa de dicho pueblo procedentes de Dagupan y matando a la Señora e hijos de Sete y Sra. del interventor.
Continuo de operaciones batiendo el día 6 de Junio siguiente con las fuerzas de su mando en la jurisdicción de Dagua, montes de Dayumban, una fuerte partida de insurrectos haciéndoles 173 muertos ,18 prisioneros y recogiendo considerable numero de armas blancas y 18 caballos, pacificando aquel abrupto territorio, destruyendo barricadas y quemando los Camarines en que se albergaban. Emprendió la marcha con la columna de operaciones para el pueblo de Maquitian, por haber tenido noticias de que en dicho punto se estaban rehaciendo las fuerzas insurrectas, del descabro sufrido, a donde llego el día 10, consiguiendo el contacto con el enemigo a las ocho de la mañana del día 11, haciéndoles en los primeros momentos 14 prisioneros, por los que tuvo conocimiento de que el enemigo ascendían a unos 5.000 hombres armados, no obstante lo cual y confiado en el arrojo y disciplina de las tropas tantos europeas como indígenas que mandaba, consiguió desalojarlos de las fuertes posiciones a la bayoneta, recogiendo numerosas armas y prisioneros y destruyéndoles también campamentos y camarines, con lo que quedo pacificada aquella comarca. Al pernoctar en el pueblo de Arengay de la provincia de la Unión el día 15 del mismo mes y año, fue avisado por la mañana del 16 por las avanzadas exteriores que se aproximaba gran muchedumbre de gente armada, con bandera y música por el camino de Cabá. Inmediatamente después de poner toda la fuerza sobre las armas, ordenó a uno de los subalternos que con 30 hombres saliera a atajarlos e inquirir sus propósitos, que resultaron no ser otros sino el de entregar las armas y reconocer la Soberanía de España, como lo habían verificado los de la jurisdicción de Naguitian. Conociendo que fueron y convencido el Capitán comprendido en esta hoja de servicios por las manifestaciones pacificas que revelaban el hecho de presentarse sin aparato militar alguno, dispuso fueran entrando en la plaza del pueblo por pequeños pelotones después de establecer la fuerza entre el edificio del Convento, Iglesia y Tribunal Municipal y una sección al mando de un subalterno en ala en uno de los frentes de la citada plaza, se principió a recibir las armas, insignias y banderas en el Tribunal a las que capitaneaban las bandas de insurrectos y a formar las listas de presentados. En el momento preciso de salir a la plaza este Capitán para ordenar que otro pelotón continuara la entrega, el jefe principal de la partida arrebatando un bolo(machete indigena) del costado de uno de los suyos, le agredió tan impensada y violentamente que no tuvo tiempo mas que para mandar hacer fuego a la fuerza de su Mando, entablando con el referido cabecilla y otros una lucha cuerpo a cuerpo dando muerte á aquel y resultando con seis heridas graves.En esta acción fueron muertos un oficial y un voluntario, y heridos otro oficial y seis individuos de tropa.El enemigo fue rechazado y perseguido por la fuerza y tuvo mas de quinientas bajas vistas. Continuó en la curación de sus heridas hasta el 31 de Julio que capitularon las fuerzas a las ordenes del Comandante de E.M. D. José Herrero Roldar, en San Fernando de la Unión, después de seis días de rudo combate y riguroso asedio, quedando en calidad de prisionero de guerra de los insurrectos. Desde este ultimo punto fue conducido a Vigan al Hospital para continuar su curación, donde quedo prisionero hasta fin de año.

1899 Prisionero de los Talagos hasta el 26 de Noviembre que en unión de otro oficiales y varios individuos de tropa fue libertado por las fuerzas Norte Americanas que combatieron y tomaron aquella plaza, siendo conducido a Manila a bordo del vapor de guerra americano “Oregon” el día 30 de aquel mismo mes, quedando en dicho punto en expectación de embarque hasta el 18 de Diciembre que lo efectúo a bordo del Vapor “León XIII”, con rumbo a la Península; y en navegación fino el año.


Saludos..¡ ah.!. fue recompensado, pero quedó retirado por las heridas sufridas.
Se retiró como Coronel del Cuerpo de Invalidos.
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Siurell
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¿Debe de tratarse de esta tal vez?.

Honor y gloria a nuestros Héroes olvidados y abandonados del 98.Imagen
Mix-martes86
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Como siempre, un material muy interesante, gracias por compartirlo con nosotros. :wink:

Saludotes.
Navegando las tormentas como mejor se puede.
Siurell
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El 10 de diciembre de 1898 se firmaba en París el tratado por el que España vendía a Estados Unidos, por 20 millones de dólares, el archipiélago filipino. A la hora de estampar esa firma, poco parecía importar que un pequeño batallón de 52 militares españoles tratara todavía de mantener su posición en el país asiático. Lo harían hasta el 2 de junio de 1899, atrincherados en la iglesia de Baler.

Aquel medio centenar de militares españoles estuvieron encerrados durante 11 meses en una pequeña iglesia situada en la aldea de Baler, a 232 kilómetros de Manila. Los sitiadores les exhortaban al abandono de las armas, puesto que no tenía sentido seguir resistiendo si la guerra había terminado. El teniente Martin Cerezo no les creyó. Los sitiadores le hicieron llegar una orden del general español por medio de un intermediario español, ordenándole que se rindiese. Pero Cerezo pensó que era una artimaña, por lo que siguió resistiendo. Ante la negativa, le hicieron llegar también un ejemplar del periódico “El Imparcial”, que anunciaba en su portada cómo España se había rendido y la guerra había concluido. Cerezo pensó que era una falsificación y siguió resistiendo. Tanto él como sus hombres estaban convencidos de que España habría vencido a Estados Unidos y que las tropas españolas vendrían a rescatarles.
De ellos, 19 fallecieron y fueron enterrados en la iglesia -15 por enfermedad, dos por disparos enemigos y otros dos fusilados-. El 1 de septiembre de 1899 desembarcaron en Barcelona los 33 supervivientes.

A los 33 supervivientes de Baler, muchos de ellos jóvenes campesinos, les aguardaban penurias en España. En 1908 se concedió una pensión vitalicia de 60 pesetas mensuales transmisibles a los soldados o a los familiares de los que hubieran muerto en la iglesia; los oficiales ya habían sido distinguidos con una pensión. Cuatro años antes se había concedido una pensión anual de 5.000 pesetas a la viuda del comandante Enrique de las Morenas. De los 33 de Baler, sólo 13 sobrevivieron a la Guerra Civil. En 1945 vivían todavía ocho soldados y Franco benefició a tres de ellos con el grado de Teniente Honorario.

Los restos de los 17 soldados españoles que fueron enterrados en la iglesia, así como los del párroco, serían exhumados el 9 de noviembre de 1903 y trasladados a España a bordo del barco Isla de Panay. Una Real Orden publicada en 1904 dispuso que sus restos fueran inhumados en el Panteón de Nuestra Señora de Atocha, en Madrid. Actualmente descansan en un mausoleo construido en honor de los Héroes de Cuba y Filipinas, situado en el madrileño cementerio de La Almudena.

http://www.guardiacivil.org/revista/result.jsp?id=711
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Mix-martes86
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Vaya, realmente desconfiaban del enemigo.

Muy interesante, gracias de nuevo Siurell. :)
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Nazarius
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Efectivamente amigo Siurell:
Es la medalla.. aunque también éstas... que se le otorgo a mi tio abuelo.. para mí un verdadero héroe...
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Saludos
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esos son las famosos "ultimos de filipinas"????
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YES, WE JAAAAARL!!!
Siurell
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Efecticamente ...los famosos "Ultimos de Filipinas"... :D
La pelicula no vale nada pero el enlace de la GC es bueno.

En cuanto a los prisioneros de guerra...un desastre. :( El gobierno de Sagasta no se portó demasiado bien con ellos. Sobrevivieron en Filipinas gracias a los propios filipinos que los asistieron. una causa comun de mortalidad era el deficit de vitamina B1 (Beri-Beri). Si el sanitario que acompañaba a los "ultimos de filipinas" hubiera sabido que el secreto estaba en la cascara del arroz que desechaban... 8O
En cuanto a los repatriados de Cuba...otro desastre. :( Relato de memoria... pero hay barcos que llegaron a Galicia cargados con militares que sobrevivieron a la guerra y no acudió ninguna autoridad a recibirlos. Todo el mundo deseaba pasar pagina cuanto antes,salvo los que tenian familia luchando en las antiguas colonias...el pais vivia pendiente de las proezas de "el Gallo".

Como anecdota uno de los "ultimos" se llamaba Jaume Caldentey y era mallorquin. Al parecer desertó de Baler y fue acribillado por los tagalos.

Saludos.
Siurell
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La repatriación fue un drama humano que se logró sepultar a base de indiferencia, olvido e hipocresía. Las autoridades no quisieron darse cuenta de que aquellos repatriados, desatendidos, marginados, fueron sembrando allá por donde iban la semilla de la desconfianza y hasta de un cierto resentimiento (150.000 soldados fueron repatriados).
Fue calando así en el pueblo español una profunda sensibilidad antibélica
y antimilitarista que no tardaría en aflorar. Cuando ya en los primeros decenios del siglo xx la España oficial desarrolló un nuevo impulso colonialista y militar, esta vez en el norte africano, el pueblo llano, que aún tenía abierta la herida del 98, se resistió con todas sus fuerzas.

PD: la mortalidad durante la repartiacion de nuestras tropas tras el Desastre del 98 se calcula en unos 4000 soldados. Las dos semanas de navegación desde Cuba (en el mejor de los casos) de soldados hacinados, demacrados, enfermos y heridos fue la causa de ese drama.
Nazarius
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Entrevista a D.Martin Cerezo en la revista de actualidad (de la epoca) ESTAMPA. Abril 1932.
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Abril 1932
Estampa

La Historia, contada por sus héroes
“337 días sitiado en la iglesia de Baler”
cuenta el coronel Martín Cerezo
«La Historia, contada por sus héroes», será una colección de episodios nacionales. La guerra carlista; la de África, Cuba y Filipinas: la sublevación cantonal... La historia de España en los últimos ochenta años va a ser narrada a los lectores de ESTAMPA; pero no por historiadores, ni por literatos, sino por los protagonistas mismos de los hechos. Hacerlos hablar será la obra del redactor de ESTAMPA encargado de estas informaciones, con las que creemos realizar una obra patriótica y, de paso, ofrecer una lectura amena, llena de interés y de emoción.
EMPIEZA EL SITIO.
Paseando al sol por el huerto de su casa de la Ciudad Lineal, el coronel Martín Cerezo cuenta el sitio de Baler:
—El 30 de junio de 1808 quedamos ya encerrados y cercados en la iglesia de Baler. Éramos cincuenta hombres del batallón expedicionario numero 2, mandados por los segundos tenientes Juan Alonso y yo. Con nosotros se habían metido en la iglesia el comandante político-militar del distrito del Príncipe, capitán Las Morenas, y el médico Vigil...
El día 1 de julio, los tagalos nos mandan el primer mensaje intimándonos la rendición. No le contestemos, y al día siguiente mandan otro... ¡Muchos más habían de enviar inútilmente ¡... Y en todos nos dicen, más o menos,lo mismo: "Es una locura que os resistáis. España ha perdido ya las Filipinas. Todo el territorio ha caído en nuestro poder".
El 8 de julio, el cabecilla Cirilo Gómez Ortiz nos escribe pidiendo una tregua para que la gente descansara,y diciendo que había sabido por los desertores —habían desertado de nuestro destacamento algunos soldados—,que estábamos muy mal de alimentos... Que él estaba dispuesto a socorrernos;que mandásemos por lo que nos hiciese falta a individuos sin armas... Con esta carta venía una cajetilla de cigarros para el capitán Las Morenas y un puñado de pitillos sueltos: uno por cabeza...
Nosotros aceptamos la suspensión de hostilidades, por unas horas, hasta el anochecer, y le contestamos que muchas gracias por su generoso ofrecimiento, pero que nos sobraban víveres... Y para probárselo, le regalamos una botella de Jerez y un puñado de medias regalías...
INCENDIANDO.
—Pero no todo era parlamentar y hacerse finezas—dice sonriendo el coronel Martín Cerezo—, Los insurrectos apretaban el cerco... Llegó un momento en que nos pusieron en una situación angustiosa, instalándose en los edificios que habían sido cuartel de la Guardia Civil y escuelas, que estaban a muy pocos pasos de la iglesia. Desde allí nos podían fusilar a placer... Para salvamos,
salió el soldado Gregorio Catalán Valero y, bajo el fuego nutridísimo de los enemigos, incendió el cuartel y las escuelas... Otra casa nos molestaba, también. Y pocos días después, otro muchacho., Manuel Navarro, repitió la hazaña de Catalán; salió y la hizo arder...
LA EPIDEMIA
- Allí encerrados días y días entre cuatro paredes de la iglesia, sin más provisiones que un poco de arroz y unas latas de conservas, medio podrido todo; ¿figúrese ustedes como estaríamos ¡. En septiembre, se declaró entre nosotros una epidemia de beri-beri. Su primera victima fue el antiguo párroco de Baler, fray Cándido Gómez Carreño, que murió el 25 de septiembre. El 30 cayó la según da, el soldado Ramon Donat, el teniente Juan Alonso, jefe del destacamento; el soldado José Lafarga, el soldado Ramon Lopez...Noviembre se lleva a otros cuantos camaradas: al soldado Juan Fuentes, al soldado Baldomero Larrode, al soldado Manuel Navarro, al soldado Pedro Izquierdo, al capitán Las Morenas...
LOS MORIBUNDOS,DE CENTINELA.
—El día 22 de noviembre, cuando murió el capitán Las Morenas y yo asumí oficialmente todo el mando, hacia ciento cuarenta y cinco días que estábamos sitiados. Quedaban a mis órdenes treinta y cinco soldados, un corneta y tres cabos, aparté del médico Vigil y un sanitario. Nuestras provisiones eran: unos cuantos sacos de harina, toda ella fermentada y formando mazacotes; algunos más
de arroz; otros, que habían tenido garbanzos, pero que ya no guardaban más que polvo y gorgojos; algunas lonjas de tocino hirviendo en gusanos; algunas latas de sardinas averiadas; unas pocas habichuelas muy malas; algo de café, ni pizca de sal y bastante azúcar.Estábamos en pie cuatro o cinco hombres de la guarnición. Todos los demás, enfermos. Pero los enfermos tenían que hacer servicio. Los sacábamos de la cama y los llevábamos en brazos hasta los puestos de centinelas. Allí se los colocaba en una silla, o cosa parecida, y se les dejaba seis horas, tiritando de fiebre, abrazados a su fusil...A las seis horas los cogíamos otra vez en brazos, los llevábamos a sus candas y sacábamos de otras camas otros centinelas.
Los moribundos, caídos en sus lechos, se entretenían calculando en que sitio seria enterrado cada uno.
De pronto, se oía decir: -A mí me toca junto al altar mayor.
—A tí te toca en la sacristía. Y las desmayadas voces disputaban,..
Para disimular esta situación, para que no la advirtieran los sitiadores, y para animar a los muchachos, organizábamos unas juergas desesperadas... Nos salíamos todos, los sanos andando y tos enfermos arrastrándose, al corral de la iglesia, y allí nos poníamos a cantar y a hacer ruido, como frenéticos... Era siniestro ver a cuantos individuos esqueléticos y astrosos voceando furiosamente entre el estertor de los agonizantes y el tiroteo.
Nuestras mascaradas exasperaban a los tagalos. “¡Cantad – nos decían -, cantad, que ya llorareis!” Otras veces hacían sonar en su campamento chillidos y risas de mujeres. Y nos gritaban “¡Castilas, gualan babay ¡” Es decir: “Españoles no tenéis mujeres”
El coronel se encoge de hombros. - ¡Mujeres!... ¡Bastante nos importaba a nosotros las mujeres, en el estado que estábamos!.
UNA SALIDA DESESPERADA.
-El cerco nos ahogaba. Otro héroe, el soldado Juan Chamizo, había repetido la proeza de Gregorio Catalán y de Manuel Navarro: habia salido y, desafiando el fuego enemigo, habia indenciado las casas mas proximas a la iglesia, desde las que nos molestaba demasiado el tiroteo de los tagalos. Pero, a pesar de todo, nuestra situación era angustiosa. Ya no teníamos qué comer; ya no podiamos respirar dentro de la iglesia.Los treinta espectros que aun se sostenían en ella iban, poco a poco, cayendo..
-Nos abrazamos a una resolución desesperada.El día 14 de Diciembre, de diez y media a once de la mañana, es decir a la hora menos indicada para cualquier tentativa, catorce hombres, mandados por el cabo José Olivares, se echaron de pronto fuera de la iglesia y cargaron a la bayoneta sobre los sitiadores...Otros cinco o seis soldados, buenos tiradores, apoyaban la carga, desde la iglesia, disparados... Se produjo un pánico enorme entre los tagalos.Los centinelas , tirando sus armas, echaron a correr,seguidos por toda la fuerza...Corrían, corrían, espantados, frenéticos...
Nosotros los perseguíamos y los macheteábamos despiadadamente, con la furia de tantos días quietos, soportando hambres y miserias, bajo fuegos de los sitiadores;impotente, viendo morir a nuestros compañeros uno a uno.
El Coronel Martín Cerezo calla un instante, recogido en sus recuerdos.
—Ahora—dice, moviendo la cabeza—; ahora aquí, pacíficamente, tranquilamente, parece monstruoso todo eso...Pero allí no lo era, créalo usted... Allí sentía uno como un placer..., como un alivio, matando gente...
EL CAPITÁN GENERAL ENVÍA UN OFICIO.
—Esta salida, que nos permitió destruir las trincheras enemigas, incendiar el pueblo, recoger algunos víveres frescos y ventilar y limpiar la iglesia, nos dio algún respiro. Los enfermos, mejoraron, y algunos se restablecieron del todo.
Pronto volvieron los fugitivos, sin embargo, y otra vez nos encontramos sitiados. Y otra vez empezamos a recibir intimaciones para que nos rindiéramos, diciéndonos que Manila se había rendido, que las Filipinas ya no eran de España.
Era verdad.Pero nosotros creíamos que era mentira. El día 14 de febrero de 1899 se acercó a nuestro refugio un hombre con una bandera blanca. Salí yo a recibirle. —¿Es usted — me preguntó— el capitán Las Morenas? —No, señor. Soy uno de los oficiales del destacamento. ¿Qué se le ofrece?
—Soy el capitán D. Miguel Olmedo, y vengo de parte del señor Capitán general para hablar con el Sr. Las Morenas».
—El capitán Las Morenas no habla con nadie ni quiere recibir a nadie. Le han engañado ya muchas veces y se ha propuesto que no le vuelvan a engañar. Dígame usted lo que quiere y yo se lo diré.
A regañadientes, me entregó un oficio que traía.
Yo me fui hacia dentro, como si le llevara al capitán el pliego; lo abrí, y lo leí.
Decía:
"Habiéndose firmado el Tratado de Paz entre España y los Estados unidos y habiendo sido cedida la soberanía de estas Islas a la última citada nación, se servirá usted evacuar la plaza, trayéndose el armamento, municiones y las arcas del Tesoro,ciñéndose a las instrucciones verbales que de mi orden le dará el capitán de Infantería D. Miguel Olmedo y Calvo.—Dios .guarde a usted muchos años.
Manila, 1 de febrero de 1899.—Diego de los Ríos."
Y debajo:
" Señor comandante político-militar del Distrito del Principe, capitán, de Infantería D. Enrique de las Morenas y Fossi."
Yo no le concedí a aquello más crédito que a las noticias y actas de capitulación que ya nos habían transmitido los sitiadores... "Bah —me dije—. Una añagaza de esa gente”,Y despaché al que yo creía falso capitán 0lmedo, sin hacer caso de sus protestas.

UN BARCO LLEGA.
Nosotros esperábamos que la salvación viniera por el mar. Confiábamos, no sabiendo que verdaderamente la guerra había acabado y que hacía meses que las Filipinas eran de los yanquis, que desde Manila viniera algún barco a recogernos. Y nos pasábamos los días contemplando el Pacífico, a ver si allá a lo lejos aparecía el barco deseado...
Y un día, el día 11 de abril de 1899, apareció.Por la tarde, poco después de las dos, oímos de pronto Un cañonazo lejano... Y luego otro... Y luego otro...
Hasta diez.
Los muchachos brincaban, locos de alegría.—¡ Una columna que vienen a socorrernos!—gritaban.
Todo el resto de la tarde lo pasamos en acecho, esperando ver llegar de un momento a otro a la columna liberadora.
Se hizo de noche, y según estábamos rodeados de tinieblas, procurando hendirlas, con nuestros ojos ávidos,vimos nacer súbitamente en medio del Océano una claridad deslumbradora.
—Es un... un...—balbuceó alguien sin atreverse a concluir la frase, de miedo a engañarse.
Otra voz la acabó:
— Es un reflector ¡ Es un barco —gritó.¡ Si! Era un barco! ¡ Un barco que nos buscaba con su reflector en la tierra negra y hostil! Un barco que venia a salvarnos.
Aquella noche nadie durmió en la iglesia de Baler.La pasamos apretujados los unos contra los otros, tendiendo los brazos hacia la luz amiga, la luz que tanteaba la oscura costa.. buscándonos.Al amanecer oímos un tiroteo muy vivo por la parte del mar.
No podíamos ver el combate. Pero nos lo figurábamos. —Es el desembarco.
Cesó pronto el tiroteo y durante unas horas hubo un gran silencio. ¿Qué pasaría?
Esperábamos, esperábamos ansiosamente...A la tarde los cañones del barco empezaron a disparar.Los estampidos hacían temblar la iglesia... Veíamos a los
tagalos correr campo adelante, cargados con sus petates. Pasó un rato y cesó el bombardeo. "Ya están deshechos los tagalos", pensamos todos. Y mandé, a mi gente que se abocase a las aspilleras y que hiciese tres descargas seguidas para dar a entender al barco que aun vivíamos, que aun nos defendíamos,... Pero nuestros disparos se perdieron en el aire sin que del barco respondieran...
Anochecía... Los soldados subidos en lo alto de la torre hicieron señales con luces... Nada. No nos contestaban...
A las cuatro de la madrugada se apagó el reflector, el vapor se puso en marcha y sus luces se perdieron de vista, tras la Punta del Encanto, camino de Manila...
Se iba... —Aquel vapor—sigue diciendo el coronel Martín Cerezo—era el cañonero norteamericano "Yorktwon", enviado por el Gobierno de los Estados Unidos para
rescatarnos. Un oficial con catorce hombres y una ametralladora desembarcó, pero los tagalos se echaron sobre ellos y los exterminaron. Y el barco, en vista de ese contratiempo, se había marchado, después de bombardear a los insurrectos.
EL ÚLTIMO COMBATE.
—Y seguimos resistiendo, a la desesperada... Ya apenas comíamos. Nos alimentábamos, si se puede decir así,con una especie de cataplasma hecha con hojas de calabacera y algunas sardinas de lata podridas... Algo de carne a veces: algún perro, algún gato, reptiles,cuervos...
Pero peleábamos aún. Una noche se acercó un grupo de sitiadores a abrir agujeros en nuestro asilo, para impedirnos tomar agua de un pozo que había yo hecho al principio del sitio y que nos surtía bien. Nos apercibimos, y a la mañana, cerramos las brechas y a los que andaban pegados al muro intentando volver a abrirlas les rociamos con agua hirviendo, los cazamos a tiros de revólver... Se oía chirriar las carnes de aquellos indios al caer sobre ellas el agua abrasadora... Gemían como ratas... Pedían clemencia...
—¿ Qué, está demasiado caliente el café?—les gritábamos con una alegría feroz.
Uno, herido de un balazo, lloraba. Y un soldado le preguntaba a través de la tapia:—¿Qué te pasa a tí, monin? ¿Te hemos hecho pupa?¿Estás tú malito?
Diez y siete sitiadores quedaron allí muertos, junto al muro de la iglesia.

OTRO ENVIADO DE MANILA.
Una hora después de este combate nos pidieron parlamento desde las trincheras enemigas, enarbolando una bandera española. Y avanzó hacia la iglesia un señor con el uniforme de teniente coronel de Estado Mayor de nuestro Ejército: el teniente coronel don Cristóbal Aguilar y Castañeda, comisionado por el general don Diego de los Ríos para recoger el destacamento, según me dijo:
Yo no le oculté que no le creía.
——Puedo enseñarle mis documentos....—me ofreció sacando un gran sobre.
Me encogí de hombros.
—Traigo—me dijo entonces—un vapor para llevarlos a ustedes a Manila. ¿ Si pasa por la parte del mar que ven ustedes desde la torre y hace la señal que usted me
indique, me creerá? —Bueno—concedí—. .Que pase y que dispare dos cañonazos hacia la sierra...
—Se hará—aseguró el supuesto teniente coronel.
Y en efecto: al día siguiente, 30 de mayo, el vapor pasó y disparó dos cañonazos. Pero ni aun así creíamos que aquel señor fuera de
verdad teniente coronel de nuestro Ejército. El vapor nos pareció un lanchón disfrazado y el supuesto teniente coronel un tagalo o un desertor. Así que cuando a la tarde se presentó otra vez !o despaché sin miramientos como al capitán Olmedo.
—Pero si este territorio ya no es nuestro...—me decía—. Si ya está hecha la paz...
—Bueno, pues si está hecha la paz, que se retire esa gente.
—¡Es una locura!... ¡Es una barbaridad!... —¡Psch!...
El señor Aguilar me consideraba perplejo. —-Y si viniera el general Ríos, ¿le haría usted caso?—me preguntó por último.
—Si. A él, sí. Se fue, dejando en el suelo un paquete de periódicos.
Viéndole alejarse, un soldado que estaba junto a mí se echó el fusil a la cara.
—¿Quiere usted que lo mate, mi teniente?
LA CAPITULACIÓN.
Allí, en aquel paquete de periódicos que nos dejó el teniente coronel Aguilar, estaba el desenlace del drama.
De momento creímos que los periódicos, como el vapor, como el teniente coronel -como todo lo que nos llegaba de fuera!— eran falsificaciones... Había una porción de "El Imparcial", de "El Imparcial" de aquí, de Madrid, en los que se hablaba de la pérdida de las colonias, de la repatriación...
Examinándolos, nos sonreíamos desdeñosamente.—Es "El Imparcial falsificado por estos indios para engañarnos...
Como no teníamos ya víveres para sostenernos,estábamos decididos a escapar, aprovechando la noche, hacia el bosque, para esperar allí socorros de España. Y ya me ocupaba en ultimar la expedición;faltaban ya sólo unas horas para que la emprendiéramos, cuando, repasando una vez mas los números de "El Imparcial", encontré en uno de ellos una noticia... Era una noticia brevísima, escondida en un rincón del periódico... Una noticia que para nadie más que para mi tenía importancia. "El segundo teniente de la Escala de Reserva de Infantería, don Francisco Díaz Navarro—decía el periódico—, pasa destinado a Málaga."
Aquel oficial era intimo amigo mío. Habíamos sido compañeros en el Regimiento de Borbón. Le correspondió ir a Cuba, y sabia que al concluir la campaña pensaba pedir que lo destinaran a Málaga,donde vivían su familia y su novia.
Pero esto no lo podían saber los tagalos... Aquella noticia al menos no era una falsificación... Y si esa noticia no era falsa, no era falso el periódico...
Era efectivamente "El Imparcial", "El Imparcial" de Madrid... Y lo que contaba... La pérdida de las colonias, era verdad... Las Filipinas ya no eran nuestras!...
¡Aquel pedazo de tierra que tan obstinadamente defendíamos no era nuestro!...
¿A qué seguir peleando entonces?
El coronel Martín Cerezo hace una larga pausa.
—Tocamos—dice al cabo de un rato—llamada; enarbolamos bandera blanca; vino el jefe de los sitiadores y hablamos... Me ofreció que conserváramos las armas...
Que yo pusiese las condiciones de capitulación que quisiera... Extendí el acta... La firmamos... Y el 2 de junio 1899 salimos de la iglesia de Baler. Habíamos resistido en ella trescientos treinta y siete días.

Perdonad ...que sea tan largo, pero vale la pena.
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Funken
Leutnant der Reserve
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Interesantísimo post camaradas.

A ver si puedo echarle unas fotos a ciertas condecoraciones de mi abuelo -una de ellas alguno de aquí la ostenta con mucho honor-.

Me refiero a la condecoración por servicios prestados.

Por cierto, os adjuntaré imagen de un pasador con un conjunto de ribetes que no se qué leches significan, es auténtico y mira que he mirado en Internet, pero no doy con la combinación de franjas rojas, negras y blancas, y otro de una condecoración rara de cojones, auténtica y marcial.

Aún mantengo una bandera auténtica de 2,5 x 1 m. con la svástika, los brazaletes del abuelo y un bonito pisapapeles con dos balas de antiaérea salvaje.

Un saludo.
Siurell
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Tienes suerte Funken...Pep y Nazarius son dos auntenticos especialistas del tema. :D
Encandados de poder echarte una mano...y lo bien que nos lo vamos a pasar? :twisted:
drivan
Stabsoberbootsmann
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Muchisimas gracias, no sabia nada de la iglesia y se muy poco de la guerra de Cuba, haceis la historia tan amena que da gusto.

Ojala los profesores de mis hijos (cuando los tenga) sean la mitad de buenos, no, un cuartico de buenos como vosotros.

Gracias
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Nazarius
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EL CANEY. (Allí estaba un paisano de Siurell)
Entrevista del "reporter" con veteranos de El Caney. 1930
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1 de Julio de 1898,surge la información.
Qué, ¿hemos de celebrarlo también?
Si. Como el año pasado... ¡Treinta y dos años cumplirán'...
El “reporter”, curioso se acerca:
¿Treinta y dos años?
Si. El primero de julio del noventa y ocho. Los combates de El Caney y de Lomas de San Juan, La mas emocionante epopeya de Santiago de Cuba. Este y yo vivimos aquellas horas trágicas...
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¡A LAS TRINCHERAS,ENFERMOS AUN!
Nuestro interlocutor es un viejo soldado de Cuba. Se llama Antonio Borras Sintes y es natural de Menorca.Tiene canos bigotes y cabellos, -nació en 1872- y todavía se conserva ágil y fuerte. Ejerce su oficio de camarero en un antiguo café palmesano, donde le interrogamos:
¿Puede relatarnos algunos pormenores curiosos de aquellas jornadas fatídicas? -Si, Lo que sufrimos en aquel entonces los solados de España, es realmente inerranable. Luchabamos contra tres enemigos implacables y fuertes: los indígenas,los yankis y el clima.Este, antes de entrar en fuego, ya nos había destrozado el organismo.Yo ingrese en el hospital el veintiséis de abril de mil ochocientos noventa y seis y tuve que salir enfermo aún, para las trincheras de El Caney el seis de marzo del mismo año. ¡N0 pude resistirlo! Recaí gravemente en mi enfermedad y el trece de junio del mismo año los camilleros me volvían al hospital. Y lo mismo les pasaba a los demás. Saltábamos de la cama enfermos para irnos las trincheras, no había otro remedio. Nuestro ejercito se diezmaba y teníamos que cubrir las bajas.
¿Combatió usted a las órdenes de Vara de Rey y del general Linares?
Sí. Mayormente estuve a las ordenes del general Linares, formé en las columnas de este en las acciones de Escandell, Gran Piedra,Banabacoa, Silva, Isabelita, Mogote, Palmarito, El Caney,Tiguabas...Por sus acciones en dicha campaña se le concedió al general Linares la Cruz Laureada de San Fernando... No hubo ni uno solo, en realidad, que no lo mereciera. Sufrimos todos por igual, exceptuando a los que cayeron, al General Vara del Rey...
¿Conserva de éste buen recuerdo?.¡Grán hombre y gran soldado! Nos quería a todos y todos le idolatrábamos. Al mandar era enérgico, pero sin acritud. Su mano, nerviosa, acariciaba siempre sus barbas ya grises. El rostro,seco, enrojeciasele, a veces, de rabia por su impotencia. Se dejó matar; dígalo usted así: ¡se dejó matar!, cuando vio que no bastábamos a detener el impulso del enemigo... Tengo un compañero de armas, que fue el que le sostuvo cuando cayó acribillado por la metralla yanqui. Mi amigo era sargento en aquel entonces y se llama Alfonso Blanco Rodríguez. Le encontrará usted entrenándose, todas las tardes, en la plaza de toros...
Porque Alfonso Blanco, al ser repatriado, sintió el gusanillo de la afisión. No se resignaba a una vida sedentaria y sin emociones. Creo que hasta llegó a vestir el traje de luces, que cambió luego por el uniforme de carabinero..
LA GUERRA, LOS TOROS Y EL COMTRABANDO.
Las cinco de la tarde; Plaza Vieja de Palma. Un hombre ya maduro se entrena con un mozo; sigue los vuelos del capote y cree sentir- magnifico poder de la fantasía ¡-cómo los pitones rozan su alba guayabera. Aprovechamos para interrogarle un paréntesis de las “lidia”.Sí –nos dice- .Estuve en El Caney y poseo el distintivo de la Orden de San Fernando. El general Vara del Rey expiró en mis brazos. Aquellos días inciertos y trágicos despertaron en mi inolvidables emociones. Al final del cautiverio, porque también estuve prisionero, me hice torero y actué en la plaza de Madrid y en las primeras novilladas de a las ordenes de "Punteret", Gregorio "Plalerito", "Saleri" el estanquero, y Andrés del Campo "Dominguin". Vestí el traje de luces por ultima vez en el estío del 99... Aquello no daba para vivir y tenía a mi familia en constante sobresalto. Me corte la coleta e ingresé en el cuerpo de carabineros. Me gusta el peligro. Que me acribillaran las balas yanquis, que me destrozara el pitón de un toro o que me cazara, sigilosamente, el rifle de un contrabandista audaz...
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LA EPOPEYA DE EL CANEY
El superviviente de aquella trágica jornada nos cuenta: Estábamos extenuados por el hambre y la sed. El primero de julio del noventa y ocho, a la seis de la mañana, empezó el combate de El Caney, que debía ser decisivo. La lucha se sostuvo, con la breve interrupción de una hora al medio día, hasta las cuatro de la larde. Caíamos como moscas.Más de dos mil hombres, bien equipados de municiones, nos atacaban por el Norte, Este y Sur. Varias veces se llegó al cuerpo a cuerpo y otras tantas fueron rechazados. La voz del general Vara de Rey, dominando el tumulto, nos animaba y enardecía...
LA MUERTE DE VARA DEL REY
Alfonso Blanco, prosigue:
A las diez de la mañana el fuego enemigo hirió al general en las dos piernas. Al verlo que se desplomaba acudí presuroso y lo sostuve con mi brazo izquierdo. Llame a unos camilleros, y el general, al oír mi voz aun sacó fuerzas para decirme, imperativo: "¡Que es esto! ¡A luchar! ¡A la bayoneta otra vez, antes de que entren en Santiago de Cuba! Esto se me pasará". Se sostuvo herido hasta las cuatro de la tarde, hora en que se suspendió el fuego por unos instantes. A todo esto teníamos ya regadas las trincheras con 404 cadáveres; quedaban sólo 96 hombres, extenuados de fatiga, de hambre y de sed. Los americanos, durante
esta tregua, se reponían de material para continuar el avance. Aproveché aquel paréntesis del combate para insistirle a Vara de Rey: "Mi general. Ya hemos salvado la situación. Usted necesita curarse para el bien de todos. ¿Quiere usted que le llevemos a San Miguel de las Lajas?" El general, que descansaba sobre un montón de paja sus piernas destrozadas por la metralla, me contestó: "Llevadme en una camilla al hospital y que me curen pronto.¡ Quiero volver¡ Le colocamos sobre una camilla y emprendimos la marcha hacia el hospital de San Miguel de las Lajas. Yo iba detrás hablándole para que no se fijara en el triste espectáculo del campo de batalla, sembrado de cadáveres españoles. Aun nos faltaba bastante para llegar al hospital cuando se reanudó el fuego con mayor intensidad. Súbitamente me cegó una nube de tierra y la fuerza de un remolino me arrojó al suelo.
El cañonazo había destrozado la camilla del general Vara de Rey!.Arrastrándome llegue hasta los despojos gloriosos, llorando de rabia, de dolor, de vergüenza...
LA DESIGUALDAD DE LAS FUERZAS.
¿Era grande la desigualdad de las fuerzas?
- Véalo usted mismo. Las fuerzas americanas sumaban quince mil soldados, ochocientos jefes y oficiales, cuatrocientos secretarios-auxiliares y conductores armeros, con mil trescientos mulos,novecientos caballos, doscientos carruajes, ametralladoras y treinta y ocho piezas de artilleria,un globo cautivo y servicios de Sanidad e Intendencia espléndidamente dotados. A la expedición le acompañaban ochenta y nueve periodistas. Entre los quince mil hombres referidos había cuatro mil nativos a las órdenes de Calixto García. El desembarco se hizo en las ensenadas de Daiquiri y Siboney, a veinte kilómetros al Este de la capital.
-¿Las fuerzas españolas?
-Ridículas, comparadas con las del enemigo.Un batallón de la Constitución y dos del Regimiento de Infantería de Cuba formaba la brigada de Vara de Rey, encargada de la defensa de El Caney. Uno del Asia. Uno de San Fernando.Uno de Talavera. El provisional de Puerto Rico. Algunas guerrillas volantes. Una sección mixta de la Guardia Civil, y varias compañías de voluntarios y bomberos movilizados.
LA TORTURA DEL HAMBRE
-Me ha dicho varias veces que estaban extenuados por el hambre.
¿Quiere precisarme mejor los motivos?
--Los últimos viveros los recibimos el veinticinco de abril. El general Linares había pedido racionado para cuatro meses y mil quinientas reses. Solamente se le enviaron ciento ochenta mil raciones de harina, ciento noventa y siete mil de arroz, ciento cuarenta mil de garbanzos, setenta mil de fríjoles, noventa y seis mil de vino y ciento cincuenta reses. Como el consumo mensual ascendía a trescientas sesenta mil raciones, no daba de sí lo enviado más que para treinta días,o sea" desde el veinticinco de abril hasta fines de mayo. ¡Y combatimos hasta julio!
—¿No había alimentos en la población? ¿No tenían ustedes dinero? —¿Dinero? Cobrábamos en un papel moneda... que nos lo rechazaban en todas partes. Solamente, en contadísimos sitios y por compasión, se accedía a darnos por cada peso el valor de ¡¡¡un real!!!
-Mal estaban las cosas antes del bloqueo!
Si. Luego nos vimos obligados a comer la ración de etapa, sin mejora ni tocino. Se comía arroz con aceite... ¡cuando lo había! Hasta esto llegó a faltarnos, alimentándonos únicamente de mendrugos de pan, de cebada o de arroz.
LOS DIAS DE CAUTIVERIO
-¿Se portaron bien con ustedes los yanquis durante el mes de cautiverio?
-Hicieron cuanto pudieron para atendernos. El jefe de las fuerzas yanquis, general Shafter, era un noble corazón. Hizo rendir al general Vara de Rey el homenaje debido a su heroísmo.
-¿Y cómo se explica que atendiéndoles tan bien llegaran a España casi desfallecidos?
-Nuestros estómagos estaban atrofiados, puede decirse, por el hambre sufrida. Se nos daba carne de jabalí y de buey, en abundancia, pero no podíamos digerirla. Lo malo era que no había tiendas ni cobertizos. Tendíamos hamacas. El relente,los mosquitos, el sol, ¡el clima otra vez!,hicieron caer a unos cuantos. A pesar de todo esto, que también lo sufrían los yanquis, lo pasamos relativamente bien. Nos atendieron caballerosamente y caballerosamente hay que consignarlo, ¿no?
COLOFON
General don Dámaso Berenguer: Su hermano don Federico sabe cómo lucharon estos hombres en El Caney. Quedan ya muy pocos, poquísimos, gente humilde en su gran mayoría. ¿No podía encontrarse un medio para señalarles un pequeña pensión? ZEDA.
Palma de Mallorca. Julio, 1930.
(Fotos Ferrer.)
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Pep
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Estoy disfrutando de lo lindo con este post, de hecho un pasaje de la historia tan injustamente 'olvidado' en España. Estas lineas representan un auténtico homenaje a los hombres que participaron, con honor y bravura, en tan desigual confrontación y con tan parcos medios.

Lo dicho, un placer. Mi desconocimiento casi absoluto del tema ha dado paso a un profunda admiración y a un máximo respeto por la memoria de aquellos heroes, aquí podemos corregir perfectamente el titulo del post por este otro: 'Valor acreditado y muy por encima de lo exigído'. Gracias Nazarius, gracias a todos.

Saludos.

Pep.
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