Este jueves, día 21 de septiembre de 2.006, se cumplirán 2 años desde el fallecimiento de mi madre. Me parece increíble que haya pasado ya tanto tiempo desde que aquel cáncer de colon se la llevara, pero esa es la fría realidad.
Mi madre fue una persona extraordinaria, como todas las madres. Maestra de escuela, su labor a lo largo de más de treinta años la realizó siempre con alegría, con profesionalidad y sabiendo siempre cómo sacar el máximo de sus alumnos. En todos los años que tuve la oportunidad de compartir mi vida con ella, jamás le conocí un roce, ni un mal gesto con nadie. Simplemente, era una persona a la que todo el mundo quería. Aún hoy, todos esos amigos siguen recordándola, y yo me enorgullezco de llegar a ser quien soy al día de hoy gracias a sus enseñanzas.
Según cuenta mi abuela materna, soy probablemente el hijo que más se parece a ella en carácter, y siempre que me lo dice pienso que no es cierto, que apenas soy una sombra de lo que ella suponía para todos sus conocidos. Mi madre era hija única, de un Guardia Civil (Mi abuelo Indalecio, llegó a Teniente y luego fue ascendido a capitán en el momento de su jubilación), y también de mi abuela Maruja, ama de casa. Siempre quiso tener hijos, y a pesar de casarse relativamente mayor (29 años en los años 70 era extraño en España), a pesar de tener un aborto espontáneo justo antes de mi nacimiento (¡y otro justo después!), consiguió tener y criar a tres hijos. debo reconocer que fuimos un alegría para ella hasta el final.
Allá por el año 1.996, le detectaron un cáncer, la operaron y aparentemente todo fue perfecto. Sin embargo, ocho años después, éste reapareció, y ya nada pudimos hacer.
Puede que el último recuerdo que guardo de ella en vida sea su ilusión ante mi inminente boda, que por desgracia no llegó a ver. Sin embargo, ella estuvo a mi lado aquel día, eso lo sé. Me niego a recordarla en sus últimos momentos, cuando (inconsciente), esperaba el momento final en este mundo. Me niego a recordar que, a pesar de mi intención, no fui capaz de quedarme hasta el último minuto... Pero sí que estuve en sus últimos minutos de consciencia, y con eso me basta.
Hoy, casi dos años después, yo estoy casado, al igual que mi hermana. Seguimos manteniendo todos el contacto, a pesar de que ya ha desaparecido ella, la auténtica fuerza que hacía que todo funcionara... Si pudiera hablar con ella, creo que se sentiría orgullosa de toda la familia. Quiero pensar eso.
Para acabar, dejadme que os diga que este NO es un post triste, al contrario. Recordarla me hace sentirme feliz, puesto que cada minuto que estuvimos juntos me llevó a ser lo que soy, y creedme: Estoy orgulloso de todo, pues me enseñó a asumir mis errores, a tener la capacidad suficiente como para no tener miedo de equivocarme. Mi madre, camaradas, me lo dio todo, y hoy día sigo intentando que allá donde esté se pueda sentir tan orgullosa de mí como sé que lo estuvo en vida... Camaradas, éstos son mis padres:

Un abrazo, y perdonad por la parrafada.















